
Margarita Restrepo
Recuerdo vivamente el día en que Íngrid Betancourt fue secuestrada por las Farc. La noticia, como a millones de colombianos, me dejó estupefacta. Nunca he caído en la trampa de señalarla ni de juzgarla por la imprudencia de haberse metido a la boca del lobo, horas después de que el gobierno de Andrés Pastrana levantara la zona de despeje que le había concedido a los terroristas de las Farc.








