
Juan David Escobar Valencia
Sin electricidad, Victor Frankenstein hubiera sido un fracasado reciclador de humanos que, aunque encontró partes para armar un humanoide —menos un nombre, aunque fuera de segunda mano, para bautizar a su hombre fusión—, solo hubiera superado en los circos y espectáculos de fenómenos de la era victoriana a las sirenas de Fiyi, unos espantosos objetos que fabricaban cosiendo la cabeza y torso de un simio pequeño con la mitad posterior de un pez.







