
María del Rosario Guerra
El descaro del registrador Alexander Vega ya no sorprende. A su incompetencia para garantizar transparencia en los procesos electorales se suma su falta de carácter para darle la cara al país y aclarar las dudas e inconsistencias que pesan sobre las elecciones legislativas del pasado 13 de marzo. Pareciera olvidar que el Congreso, que representa al Constituyente Primario que es el pueblo, era el escenario por excelencia para que esta semana él hubiera asistido al debate de control político en la plenaria del Senado, en el que se le pedían explicaciones de los errores en los que él y la entidad a su cargo incurrieron.






