
José Alvear Sanín
La noticia de la desaparición de Helena se nos hace increíble, porque, a pesar de sus años, su espíritu nunca experimentó el paso del tiempo. Cuarenta y ocho años después de la mañana en que me pidió acompañarla en la organización de la Oficina de Convenciones de Medellín, ella seguía con la misma alegría, con igual dinamismo, trabajando sin perder la eterna sonrisa, siempre al servicio de un país que Mariano y ella querían con el más acendrado patriotismo y que para ambos fue una pasión creativa. Una y otro enfocarían sus esfuerzos hacia su progresivo mejoramiento.








