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Si a Colombia le va bien…
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Si a Colombia le va bien…

José Alvear Sanín   

Después de la credencial entregada por la Registraduría a Petro y de la apresurada estampida de políticos y congresistas para acomodarse con él, la actitud correcta —me parece— es la del expresidente Uribe de wait and see...

Ganó Petro
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Ganó Petro

Paloma Valencia     

En la democracia a veces se pierde. El uribismo se quedó sin candidato desde la salida de Óscar Iván Zuluaga y no jugó un papel preponderante. Muchos queríamos que el ingeniero Rodolfo fuera presidente. Me gustaba que no tenía alianzas con los politiqueros y que pudiera gobernar con independencia. Esas dos características le hubieran permitido hacer un ajuste presupuestal de gran calado que ahorrara dinero público. No fue. Cometió varios errores que le costaron la presidencia: sus palabras sobre las mujeres, sus innecesarias agresiones al uribismo y las ofensas a los cristianos y católicos.

Dos nombramientos
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Dos nombramientos

John Marulanda*      

Dos nombramientos han sido aclarados por el presidente electo. El primero, el del Mayor General en retiro de la Policía Nacional William René Salamanca como articulador de la Policía Nacional y fundador del nuevo Ministerio de la Seguridad Ciudadana, si no le ponen a un civil como jefe.

Por otra parte, nombró como canciller al “conservador” Álvaro Leyva. “Un prófugo con privilegios” que se pasea por Costa Rica, España y Cuba, en permanente comunicación con los jefes de las farc, según un editorial de El Tiempo, que señala al recién nombrado canciller, como un delincuente con protección, gracias a sus empeños para lograr el encuentro del expresidente Pastrana y Manuel Marulanda, alias Tirofijo, en enero de 1999. “Recuperar con dignidad el sitio que nos corresponde” dijo el designado canciller; un “operativo de las farc” como lo rotuló la senadora María Fernanda Cabal.

Colombia: ¿el fin de la “nation building”?
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Colombia: ¿el fin de la “nation building”?

Eduardo Mackenzie   

La llegada de Gustavo Petro a la Casa de Nariño, marca el fin de la “nation building” de Colombia. Un extraño conglomerado de fuerzas ha ganado, por ahora, contra el país. Los colombianos tenemos dificultades para darnos cuenta del impacto directo de la geopolítica mundial sobre nuestro destino. Vemos con ojos de miope la acción de Putin y su guerra de Ucrania, la cual resulta de su obsesión por reconstruir el imperio ruso-soviético. Percibimos apenas la convergencia entre China, Rusia e Irán para imponer a mediano plazo una era antidemocrática mundial. ¿Cómo encaja en eso la llamada “elección” de Petro? De ninguna manera, dicen los entendidos. De pronto descubrimos que unidades del Batallón Wagner ruso están ya en Venezuela (y no solo en Ucrania, Malí, Libia y Mozambique), y que Xi Jinping espera ampliar considerablemente la inversión para sacar hacia China recursos energéticos de Colombia. Pero nada de eso nos quita el sueño.