
Juan David Escobar Valencia
Uno de esos placeres cada vez más escasos por el advenimiento de las librerías digitales es lo que llamo la “pesca deportiva de libros”, en la que uno sin apuros rastrea minuciosamente cada resquicio de las estanterías y ocasionalmente algo inesperado se engancha en el anzuelo de tus ojos. Alborozado y sin creer que un ejemplar así hubiese escapado a otros antes que tú, lo tomas en tus manos, lo aprecias de principio a fin, pero luego de un rato, cuando el empleado de la librería empieza a sospechar de ti, sabes que debes dejarlo ir con la sospecha que tal vez sea la última vez que lo tocarás.







