Eduardo Mackenzie*
No, ni Gustavo Petro, ni su ministro del Interior, Fernando Velasco, repudiaron el cobarde asalto de la llamada “minga indígena” contra la revista Semana. Ambos personajes fueron deliberadamente lacónicos, avaros en palabras, mezquinos. Ambos se negaron a condenar ese acto inmundo, a pronunciar siquiera la frase “violencia contra la revista Semana”. Ninguno habló en términos audibles de los agresores, de los asaltantes, de los indígenas enmascarados del Cauca invitados a la capital por el mismo presidente Petro para que vinieran a hacer de las suyas y a culminar de esa manera bárbara la llamada “toma de Bogotá”, con la cual él y su circo político aspiran a hacer creer que les queda algo de respaldo popular catorce meses después de haber iniciado el despótico y estrambótico gobierno actual.








