
Carlos Salas Silva
Lo que hace un mequetrefe es mequetrefear, permítanme el verbo acudiendo a un neologismo dramáticamente lúdico que tal vez sea el único aporte a la galaxia de nuestro indigno mequetrefe que no solo hace gala de su manera de mequetrefear acá, en la provinciana Colombia, sino que no pierde oportunidad para desplegar sus habilidades mequetrefudas viajando sin parar, tanto así que el día menos pensado ya habrá cumplido cien visitas al exterior como promotor excelso de la mequetrefeada como lo pudimos presenciar en su reciente visita a la posesión de Noboa -del que había puesto en duda la legitimidad de su elección sin ninguna prueba- para risa de algunos, vergüenza ajena de otros y desgracia de un país y una región que ya tenía suficiente y de sobra con el mamarracho venezolano del que nadie entiende como se mantiene en el poder teniendo una recompensa millonaria por su cabeza como en el lejano y salvaje oeste.






