
María Cristina Isaza
Colombia atraviesa un punto de quiebre. La inseguridad aumenta, la corrupción se normaliza y la desesperanza se extiende (8 de cada 10 jóvenes sueñan con emigrar, en vez de soñar con el “Colombian Dream”). Pero más allá de las cifras de homicidios, pobreza o desempleo, el verdadero problema es más profundo: hemos perdido la brújula moral y ética que orienta a las sociedades prósperas.







