
Carlos Salas Silva
¡Es el colmo! Esa condena a Uribe rebasó la copa. Ya con un juicio amañado se evidenció una descarada politización de la justicia, pero con el fallo la cosa sobrepasó el absurdo. Hoy me puedo declarar más uribista que nunca a pesar de mis reparos a un Álvaro Uribe que, de una manera poco clara, cometió errores garrafales que nos llevaron indirectamente a la actual situación política que ha significado un deterioro de la institucionalidad y de la seguridad en todos los frentes en el país. Fui uribista y lo soy de nuevo porque la imagen del expresidente y su gallardía es un soporte de dignidad que nos permite levantar la cabeza ante nosotros mismos y ante el mundo que contrasta fuertemente con la de un mequetrefe que hace las veces de presidente llenándonos de humillación.






