
Darío Ruiz Gómez
El ojo avizor de un funcionario descubrió a Piedad Córdoba cruzando el puente fronterizo de Cúcuta, disimulada entre la cola de niños exhaustos, ancianos(as), jóvenes derrotados que buscan escapar del infierno de la narcodictadura. ¿Se había cambiado su turbante ostentoso por uno de telas baratas, por un sencillo hábito y unas chancletas para “empaparse de pueblo” y en la nueva campaña electoral “dar voz a quienes no tienen voz”?







