
Jesús Vallejo Mejía
Así consideraba el hoy San Juan Pablo II al pueblo judío. Y el entonces cardenal Ratzinger decía que su permanencia a lo largo de siglos manifiesta un profundo misterio. Viéndolo bien, es un misterio que indica un designio providencial. Al fin y al cabo, al judaísmo le debemos nada menos que el Decálogo, así como muchísimas enseñanzas morales y elevados conceptos metafísicos que han contribuido junto con el pensamiento griego y el derecho romano, tal como los ha reelaborado el cristianismo, a forjar la civilización de que gozamos y nos ufanamos.






