
Rafael Nieto Loaiza
Reconozco la enorme dificultad para no escribir en reacción a la larga cantidad de despropósitos que Petro dice y hace un día sí y el otro también. A veces por su verborrea, a veces porque es un embaucador de pueblo, un charlatán, a veces porque por estos días aflora una y otra vez su extremismo ideológico, su fanatismo, Petro impone la agenda de discusión pública. Esta semana, por ejemplo, habría que comentar el chiste malo de la actualización de la lista de oficios y ocupaciones del acuerdo 10 del SENA (la de los gigolós, prostitutas, quirománticos, etc) y sus temibles consecuencias para las empresas, el vergonzoso abrazo con Mancuso y su desprecio por la justicia y las víctimas, la circular sobre niños transgénero de la Supersalud, o la delirante propuesta de volver a Ecopetrol una empresa de inteligencia artificial. Cualquiera de esos asuntos amerita una columna.