
Rafael Nieto Loaiza
Debería ser un escándalo. El Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (SIMCI) de la ONU, que acaba de conocerse, muestra que para fines del año pasado teníamos 204.000 hectáreas de coca, un 43% más que en 2020, y se producían 1.400 toneladas de cocaína, un 14% más. Si alguien pregunta por qué el crecimiento de cultivos no se traduce en un aumento similar de cocaína, hay que advertirle que, según el SIMCI, parte de los nuevos cultivos reportados no ha alcanzado su edad productiva.