
Pbro. Mario García I.*
He leído y releído el comunicado que la Conferencia Episcopal de Colombia emitió ayer. Y escuché, esta mañana, las respuestas que el señor Obispo de Buenaventura daba a las preguntas formuladas por algún periodista sobre el mismo tema del que se ocupa, aunque sin mencionarlo siquiera, el dicho comunicado; además, he podido escuchar muchos comentarios que giraban al rededor de un hecho acaecido antier, en Bogotá: las declaraciones, verdaderamente delirantes, que hizo el señor Gustavo Petro, en mala hora presidente de Colombia, en medio del fárrago con que se despachó en un acto público.