
Mauricio Botero C.
El Acuerdo de Paz de La Habana, con solo una parte de uno solo de los actores involucrados en el conflicto, terminó siendo negociado a las barreras (perdón, a las carreras) por un saltimbanqui oportunista, como lo llamaba Antonio Caballero. Los analistas de los conflictos colombianos aceptan que la gasolina que ha alimentado los conflictos en Colombia en los últimos 50 años ha sido el narcotráfico. Hoy, cerca del 40 a 60 % de las Farc se mantienen activas traficando coca y amapola, porque el equipo negociador en La Habana no fue capaz de obligar a la guerrilla a confesar rutas, laboratorios, cómplices y apoyos al narcotráfico desde Venezuela. El gobierno anterior, al contemporizar con el vertiginoso aumento el área sembrada en coca para no incomodar a las Farc, dejó abierta al máximo la llave de la gasolina del conflicto.