
Luis Guillermo Vélez Álvarez*
Al presidente Iván Duque le tocó bailar con la más fea y aún le falta beber el trago amargo de entregarle el mando a Petro Urrego. Probablemente, en ese momento, recordará a Rafael Caldera, entregándole el poder a Hugo Chávez, en Venezuela, y a Eduardo Frei, haciendo lo propio con Salvador Allende, en Chile; sintiendo que empiezan a perderse la libertad y la democracia y que el país se precipita en un período de caos económico y sufrimiento humano.