
Luis Guillermo Vélez.
Aunque ignoro si son producto de las epifanías que súbitamente le sobrevienen, según confiesa en su autobiografía, o del más frio cálculo político para incidir en la coyuntura del momento, o de su imperfecta formación de economista o de todas a la vez, las ocurrencias cotidianas de Gustavo Francisco sobre asuntos económicos no dejan de sorprenderme y me causarían solo hilaridad si no fuera porque el hombre es nuestro presidente.