
Juan David Escobar Valencia
Los que no tienen principios, o los únicos que tienen son contables, prefieren cortar la maleza cuando esté demasiado alta en vez de erradicarla. Por eso terminan convertidos en cómplices de los delincuentes, pero disfrazando su pequeñez moral y tibieza con una supuesta superioridad moral autoimpuesta que busca que creamos que la tolerancia al mal es virtud, y que quienes se niegan a rendirse y convivir con el mal son guerreristas.