
José Alvear Sanín
Aunque la motivación perversa de los actos siempre se oculta cuidadosamente, hay momentos en los que trasluce. Reprimir por largos años la expresión de los peores sentimientos profundos constituye un esfuerzo agobiador. Mantener la cara risueña mientras el magín concibe incontables infamias representa un empeño tremendo que se traduce en inevitable desequilibrio, incapacidad de reposar, logorrea incontrolable, mitomanía incesante, ánimo pendenciero y compulsión locomotiva, entre muchos otros síntomas de insufrible estrés, cuando se vive desasido de la realidad, entre la alucinación y la fantasía.