
Fernando Álvarez
Lo que parece un titular de Semana en su nueva época y en su pretendido sensacionalismo en el que el verbo despachar se volvió una impronta amarillista es una idea de lo que sucede hoy en el despacho presidencial de Colombia. El presidente Gustavo Petro se despachó, en su connotación antigua, de la Casa de Nariño. Cuando las señoras de antes despachaban a sus empleadas de servicio porque no cumplían órdenes, o los patronos despachaban a los trabajadores que no rendían, los echaban del puesto, así Petro se despachó de su cargo gubernamental el pasado 1 de mayo.