
Los Irreverentes (Editorial)
Desde que ocurrió el magnicidio del dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado el 2 de noviembre de 1995, la camarilla samperista empezó a desviar la atención del crimen. Desde la fiscalía de Gómez Méndez se hizo el trabajo sucio al fabricar una teoría del caso totalmente absurda con el fin de salvarle el pellejo al presidente y a su escudero Horacio Serpa, quien murió sin responder por ese crimen.