
María Clara Posada
Hay imágenes que revelan todo. Ver a un gremio de empresarios reunidos con Iván Cepeda en un club social, sonriendo y compartiendo ideas con el supuesto “hombre pacífico, entrañable y dialogante”, es una de ellas. No porque la cordialidad sea un pecado, sino porque esa foto pertenece al género de la opereta política: El intento deliberado de suavizar a un doctrinario
