
Beatriz De Majo
Con todas las puertas del crédito internacional cerradas y Venezuela, su principal sostén, en pleno proceso de indetenible bancarrota, a La Habana le quedan pocos socios hacia los cuales acudir en busca de alivio para el destrozo económico que viene enfrentando desde hace ya muchos años. Los desórdenes callejeros que se han convertido en una bomba de tiempo pudieran estar colocando a Miguel Diaz Canel en la situación de considerar a China como una tabla de salvación. Solo que para que una cooperación significativa tenga lugar, como en el tango, hacen falta dos para bailarlo. Y ni uno ni otro lado se sienten aun compelidos a embarcarse en un género de interacción peligrosamente estrecha.