Iván Tabares Marín
El Tribunal Superior de Bogotá acaba de fallar que las protestas de la Primera Línea de encapuchados de 2021 no fueron espontáneas, sino un plan coordinado por las Farc con reclutamiento y adoctrinamiento en las universidades para ejecutar actos terroristas. Ese informe que se ha publicado en diversos medios se queda corto, es completamente extemporáneo e impreciso.
No solamente se presentaron en 2021 y participaron otros delincuentes: el financiador Gustavo Bolívar, mercenarios, guerrilleros y algunos países extranjeros (Venezuela, Irán, entre otros). Los informes de la fiscalía de entonces llegaron a las mismas conclusiones ignoradas por el gobierno Petro y los medios de comunicación. Hasta Sofía Petro amenazó a los colombianos de movilizar a esos delincuentes si su padre no ganaba las elecciones, aunque ella desconocía la organización de las protestas. De tal palo, tal astilla.
Escribí seis o siete columnas tratando de mostrar el origen y montaje de las protestas como también su aplicación en otros países. Mostré que el expresidente Uribe Vélez tenía razón al relacionar las protestas con lo que el chileno Alexis López llamó la revolución molecular disipada o fingida que Carlos Enrique Moreno explicó en tres columnas (2020) de El Espectador bajo el título Deconstrucción. Los profesores de una universidad bogotana tildaron de fascistas al chileno y al doctor Uribe. También María Fernanda Cabal escribió otra columna mostrando la barbarie de las protestas.
Recapitulemos. El origen fue en Francia por medio de un texto escrito por Félix Guattari y titulado La revolución molecular (1976). Guattari era un trotskista o seguidor del marxista León Trotski, asesinado en México por orden de Stalin. La protesta era un montaje con apariencias pacíficas inicialmente, pero cuyo objetivo era el ataque terrorista a la Policía, al sistema de transporte y al comercio en las últimas horas de la tarde para generar la reacción de la fuerza pública y grabar videos que eran editados luego para distribuirlos a todo el mundo. Una de mis hijas vio en México, en esos días por televisión, un helicóptero oficial colombiano disparando a los manifestantes, lo que nunca ocurrió. La primera línea atacaba, la segunda proveía las armas y la tercera filmaba.
El montaje era tan bien planeado con grupos musicales, danzas, sindicatos y estudiantes que el pueblo mal informado se creía representado en esa farsa y hasta los periodistas se tragaron el cuento del “estallido social” y de los “infiltrados” o “desadaptados” que desfiguraban las protestas “pacíficas”. Recuerdo un periodista de Caracol –destituido por acoso sexual en estos días— que iniciaba el noticiero de esa manera.
El mismo Guattari dirigió estas protestas en Italia en 1977; la izquierda alemana lo invitó para que las organizara, pero no aceptó porque tenía una cita con Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil con el mismo propósito. En Chile, el presidente Piñera cedió a las protestas y convocó una asamblea constituyente que fue rechazada por el pueblo en 2022 porque contenía el proyecto de la izquierda, el mismo de Gustavo Petro.
