Martin Eduardo Botero*
“LA CONSULTA FUE FUERTE. LA PRESIDENCIA SIGUE ABIERTA.
La Gran Consulta de la centro-derecha movilizó más de 5,8 millones de colombianos. No fue un gesto simbólico. No fue un ejercicio decorativo. Fue una demostración real de músculo político en un país donde la participación suele fluctuar y donde la apatía electoral es frecuente.
Dentro de esa consulta, Paloma Valencia obtuvo cerca de 3,2 millones de votos. Es decir, alrededor del 55% del total de su bloque. No fue una victoria marginal. Fue una mayoría clara.
Eso le otorga legitimidad interna. Ordena su espacio político. Define liderazgo.
Pero la consulta no es la Presidencia.
Llevemos la cifra al terreno nacional.
3,2 millones sobre un censo de 41 millones representan aproximadamente el 7,7% del total electoral.
Sobre los votos efectivos emitidos (más de 20 millones), equivale a cerca del 15-16%.
Es un piso sólido.
Es una base seria.
Pero no es mayoría país.
Aquí aparece el dato estructural más revelador: el Centro Democrático obtuvo en Senado 3.033.697 votos y en Cámara 2.565.508. Es decir, la votación de Valencia se alinea casi exactamente con la base estructural del uribismo.
Traducción política:
La consulta consolidó el núcleo duro.
No demostró todavía expansión nacional.
Y en una elección presidencial, consolidar no basta. Hay que crecer.
Para garantizar paso a segunda vuelta, el umbral real se ubica entre 4,8 y 5 millones de votos. Eso significa que la candidatura surgida de la consulta necesita ampliar su base en al menos 1,5 a 2 millones adicionales.
Ahí está la verdadera batalla.
Porque en paralelo, el oficialismo conserva su base histórica —cercana a los 4,4 millones en Senado— pero tampoco logró una ola expansiva. No hubo crecimiento desbordado. No hubo arrastre hegemónico. El Congreso quedó fragmentado.
Y en un Congreso fragmentado, la Presidencia se convierte en disputa de consolidación, no de maquinaria.
El tablero no está cerrado.
La consulta ordenó un bloque.
La presidencial exigirá ampliarlo.
El riesgo matemático es evidente: si el voto alternativo se divide en dos candidaturas fuertes de 3 millones cada una, ninguno alcanza el umbral decisivo. En sistemas de doble vuelta, el tercero no negocia. El tercero desaparece.
La política no es sentimental. Es aritmética.
Cinco millones en consulta son una señal de fuerza interna.
Pero el país que elegirá Presidente es de veinte millones de votantes activos.
La verdadera pregunta no es quién ganó la consulta. Eso ya quedó claro.
La pregunta es quién logrará salir de su núcleo ideológico y convertirse en opción nacional transversal.
La consulta fue grande.
La Presidencia será mayor.
Faltan tres meses. En política, tres meses son una eternidad. Las percepciones cambian. El voto útil se activa. El electorado independiente comienza a moverse cuando percibe con claridad quién puede realmente disputar el poder.
Hoy el escenario es competitivo.
No hay hegemonía.
No hay ola.
No hay final escrito.
La consulta definió liderazgo interno.
La Presidencia la definirá el país entero.
Y ese país todavía no ha hablado.
Amen.” (Abril 9)
* Publicado en su cuenta de X (@boteroitaly).
