Comprender la transición de Venezuela

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Comprender la transición de Venezuela

Estrella Infante*                                                                                      

“Comprender la transición de Venezuela: contexto, poder y lo que viene.

Cuando hablamos de Venezuela, hablamos de un caso extraordinariamente complejo. No se trata de un gobierno autoritario convencional, sino de un Estado criminalizado cuya supervivencia ha dependido durante décadas de alianzas extranjeras, economías ilícitas y terror interno.

Desde el momento en que Hugo Chávez llegó al poder, y luego Nicolás Maduro, la estrategia del régimen fue clara: permanecer en el poder a cualquier costo, incluso si eso implicaba aplicar terrorismo de Estado contra el pueblo venezolano con el objetivo final de socavar la seguridad nacional de Estados Unidos.

Mucho antes de convertirse en presidente, Chávez fue liberado de prisión y de inmediato comenzó a viajar a países alineados con el comunismo y con centros de poder antiestadounidenses, empezando por Cuba bajo influencia rusa. Con el tiempo, el régimen expandió su red a través de:

– Rutas de narcotráfico

– Acuerdos petroleros ilícitos

– Préstamos respaldados por petróleo con China, imposibles de pagar

– Alineamiento estratégico con Irán, Rusia, Turquía y actores extremistas

La participación de China no fue accidental. Venezuela pasó a formar parte de la estrategia de largo plazo de Pekín para expandir su influencia en el hemisferio occidental, utilizando deuda, infraestructura y control energético vinculados a la visión de la Ruta de la Seda.

Con el paso de los años, el régimen abrió múltiples mercados negros, oro, minería ilegal, minerales estratégicos, y construyó un sistema interno profundamente corrupto mediante manipulación cambiaria, monopolios estatales y represión. El poder fue distribuido deliberadamente de forma tal que todos quedaran implicados: si uno caía, los demás también. Esto creó una estructura de tipo mafioso, donde la supervivencia dependía de la lealtad colectiva.

Tras la muerte de Chávez, el poder dejó de estar centralizado. Fue repartido entre quienes controlaban las redes más fuertes:

– Diosdado Cabello: seguridad interna, inteligencia, represión y redes de tortura

– Nicolás Maduro: líder del narco-Estado, control judicial a través de Cilia Flores y rostro público de un régimen criminal

– Vladimir Padrino López: control de las Fuerzas Armadas

– Delcy Rodríguez: operaciones internacionales, negocios ilícitos y evasión de sanciones

Delcy se convirtió en la principal operadora internacional del régimen, negociando con China, Irán, Rusia, Turquía, España (en particular con figuras del PSOE, como Luis Felipe Zapatero) y otros actores. Se ganó el apodo de “la Pirata del Caribe” por su habilidad para mover petróleo, oro y minerales venezolanos a través de complejas rutas globales que pasan por África y terminan en Medio Oriente y Europa.

También es una de las principales conexiones del régimen con Hezbollah y Hamas. Su hermano controla la Asamblea Nacional, utilizada de forma rutinaria como arma contra cualquiera que busque un cambio democrático.

Mientras tanto, el poder judicial fue administrado por Cilia Flores, garantizando protección legal al régimen. Con la salida de Maduro y Cilia, las alianzas se han reconfigurado. Hoy, el Poder Judicial y la Asamblea Nacional operan como un frente unificado respaldando a Delcy Rodríguez.

No hay que equivocarse: Diosdado Cabello y Padrino López siempre han competido por el control de la fuerza. Pero Diosdado es la figura más siniestra: ha supervisado directamente persecuciones, torturas y operaciones clandestinas contra miembros de la oposición a través de unidades especializadas.

Ahora que Maduro ya no está, el régimen enfrenta un dilema que nunca ha logrado gestionar con éxito.

Su supervivencia siempre dependió de una lealtad interna estricta y de la unidad. El poder se preservaba porque cada facción sabía que, si una caía, todas caerían. Esa exposición mutua forzaba la cohesión.

Hoy, esa dinámica se está rompiendo. El régimen enfrenta ahora dos opciones:

1. Intentar preservar la unidad realineándose en torno a un nuevo centro de poder, o

2. Entrar en una lucha interna que revele quién se alinea realmente con Delcy Rodríguez y quién con Diosdado Cabello

Según el comportamiento histórico del régimen, su instinto es intentar mantenerse unido, porque el conflicto interno casi con seguridad aceleraría su colapso. Sin embargo, esta vez la unidad es mucho más difícil de sostener.

La confianza, que siempre fue escasa, ya no existe.

Los actores clave saben que uno o varios de ellos ya están comunicándose con Estados Unidos para protegerse. Esa realidad corroe la coordinación interna, interrumpe las comunicaciones y hace que una alineación total sea prácticamente imposible.

Lo que sigue no es una implosión inmediata, sino una cooperación frágil y forzada bajo profunda sospecha, una condición históricamente asociada con una rápida erosión del control.

En medio de esta fractura, Estados Unidos tomó una decisión crítica: las dinámicas internas de Venezuela ya no podían dejarse implosionar violentamente por sí solas. Cada vez que el régimen sentía que perdía poder, optaba por la violencia, y los venezolanos pagaban el precio.

Por eso Maduro fue capturado.

Su detención abre acceso no solo a inteligencia crítica sobre las dinámicas internas de Venezuela, sino también a información con implicaciones directas para la política interna y la seguridad de Estados Unidos, incluyendo la identificación de quiénes dentro y fuera de EEUU se alinearon con el régimen en temas específicos.

La detención de Maduro permite acceder a:

– Inteligencia sobre operaciones internacionales de narcotráfico

– Alianzas internas del régimen y estructuras de poder

– Mecanismos de fraude electoral e interferencia transnacional

– Redes terroristas y criminales que operan a través de fronteras

Esta información es esencial no solo para desmantelar la estructura restante del régimen venezolano, sino también para exponer a facilitadores extranjeros, operadores financieros y actores políticos que, consciente o inconscientemente, apoyaron estas redes.

Al mismo tiempo, Estados Unidos ha dejado claro, reiteradamente en los últimos días, que no dudará en aplicar fuerza adicional si los actores restantes no cooperan.

Delcy Rodríguez sabe cómo presentarse como una “moderada”. Por eso siempre ha manejado las negociaciones internacionales. Tiene amplias conexiones globales, y muchos actores prefieren su continuidad porque protege sus intereses. Ese es su poder.

Pero Marco Rubio entiende Venezuela mejor que nadie en la política estadounidense. Conoce sus tácticas. Sabe cómo mienten, dilatan y manipulan. Verá a través de Delcy, pero no puede actuar de forma prematura antes de que el equilibrio interno de poder sea más claro o antes de que Washington entienda el próximo movimiento del régimen.

Por eso estamos en una fase de espera.

Muchos venezolanos, incluyéndome, estamos observando atentamente los próximos días.

Confiamos en el Secretario de Estado Marco Rubio.

Esto me lleva a María Corina Machado.

Los venezolanos saben, sin lugar a dudas, que María Corina Machado es la líder legítima elegida por el pueblo. Edmundo González existe como vehículo electoral porque María Corina fue inhabilitada, no porque carezca de liderazgo.

En este momento, sin embargo, María Corina no controla el poder coercitivo interno necesario para garantizar una transición pacífica. Tampoco lo controla Delcy Rodríguez, a pesar de estar dentro del régimen. Precisamente por eso la presión externa, especialmente el poder militar de EEUU, sigue siendo necesaria.

El objetivo es desestabilizar y neutralizar a estos grupos armados para que una transición segura sea posible.

Cuando llegue ese momento, María Corina se levantará como la líder que guíe a Venezuela hacia adelante, hacia la reconstrucción, la estabilidad y un nuevo rol como centro energético de las Américas.

Ella tiene al pueblo.

Tiene el plan.

Lo que le ha faltado es protección frente a un sistema criminal dispuesto a matar para sobrevivir.

Por eso la participación de Estados Unidos es importante: no para reemplazar el liderazgo venezolano, sino para mantenerlo con vida.

Su equipo es excepcional. Ya existen planes de reconstrucción, incluida la privatización del sector petrolero con Estados Unidos como socio estratégico principal, alineando a Venezuela con las economías democráticas occidentales, estabilizando el hemisferio y evitando que futuras crisis migratorias sean utilizadas como arma.” (Enero 6)

* Publicado en su cuenta de X (@estrellainfant).

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