Eduardo Mackenzie
La reciente afirmación de Donald Trump de que Ucrania ya ha perdido la guerra, en vista de la situación en el campo de batalla, es sin duda exagerada y destinada a agrietar la tozuda y heroica resistencia del pueblo ucraniano. Trump quiere una rápida rendición de Ucrania, para abrir un vasto campo a los negocios e inversionistas americanos, tanto en Rusia como en Ucrania, a pesar de que su plan de paz, base, se supone, de una negociación de paz estable, no es más que la condensación de los objetivos de Moscú.
Un plan de “reconstrucción” de Ucrania y de reapertura de la inversión estadounidense en Rusia, y del levantamiento de las sanciones occidentales a Rusia, sobre la base de la finlandización de Ucrania, pese a la montaña de víctimas ucranianas de la lucha contra la agresión rusa, sería un pacto abyecto, una mancha indeleble en la historia de los Estados Unidos, potencia del capitalismo de mercado y democrática que habían jurado ser la luchadora por excelencia de la libertad en el mundo. No, en efecto, el credo de la nación norteamericana no es el que decía el Fondo Freddy Mac, en una campaña en el Washington Post del 25 de junio de 2003: “La vida, la libertad y la búsqueda del bienestar: crear una nación de propietarios”.
Es algo mucho más alto y digno. Ronald Reagan, líder republicano y expresidente de Estados Unidos, en su discurso radial a la nación del 26 de noviembre de 1988, analizó y dio sabias orientaciones sobre tres puntos que, en particular, Trump parece haber olvidado: el proteccionismo, la intransigencia contra los aliados de Estados Unidos y la debilidad ante los enemigos de la libertad. Oigámoslo: “Algunos políticos estadounidenses utilizan el proteccionismo como una forma barata de nacionalismo, una tapadera para quienes no están dispuestos a mantener el poder militar de Estados Unidos y carecen de la determinación para enfrentarse a los verdaderos enemigos: países que usarían la violencia contra nosotros o nuestros aliados. Nuestros socios comerciales pacíficos no son nuestros enemigos; son nuestros aliados. Debemos tener cuidado con los demagogos dispuestos a declarar una guerra comercial contra nuestros amigos, debilitando así nuestra economía, nuestra seguridad nacional y a todo el mundo libre, mientras ondean cínicamente la bandera estadounidense.”
La agresión e invasión rusa contra Ucrania dura desde hace tres años y medio, y los objetivos de Putin antes de la guerra —como “desnazificar” y desmilitarizar a Ucrania, estrangular su economía, reducir su libertad y sus medios de defensa militar, y facilitar una ulterior ofensiva de anexión de Ucrania y de los países europeos que se muestren cándidos o débiles— son visibles en la propuesta que Putin le ha impuesto a Trump, a través de emisarios americanos escandalosamente pro rusos como Steve Witkoff, el mejor socio del presidente en criptomonedas y golf.
Los 28 puntos del plan ruso-estadounidense “para poner fin a la guerra en Ucrania”, difundidos el 21 de noviembre, hicieron unanimidad en Europa: favorece únicamente a los rusos. Moscú exige que Ucrania limite sus fuerzas de defensa a 600.000 hombres después de la guerra y no ingrese a la OTAN y exige que Ucrania se retire de su propio territorio: de la región oriental del Donbás. Obviamente, ese plan fue modificado en Ginebra por ucranianos, estadounidenses y europeos y Witkoff deberá presentar la nueva síntesis a Putin.
Al mismo tiempo, los preparativos de Moscú de nuevas movilizaciones estratégicas para atemorizar los gobiernos de los países bálticos, así como los de Polonia y Alemania—con el poco sutil envío de drones sobre aeropuertos y el ataque a una línea férrea de Polonia que habría podido herir a cientos de personas–, y sus actos para confundir la sociedad francesa y crear discordias en el seno de la UE—, avanzan a dosis homeopáticas pero con gran constancia y precisión quirúrgica. Noruega y Suecia también son amenazados por Moscú. El primero por prohibir a los barcos rusos pescar en su zona económica exclusiva y el segundo por haber ingresado a la OTAN en marzo de 2024.
Sin recibir la réplica adecuada de la prensa europea y americana, la propaganda triunfalista rusa gana terreno, mediante diagnósticos falsamente neutrales sobre temas sensibles como los supuestos éxitos de la “ofensiva invernal rusa” en Ucrania y la “reconquista” de territorios del este de Ucrania a corto plazo. La última salida de Putin en ese sentido es su declaración de este 27 de noviembre en el sentido de que Rusia no quiere atacar a ningún país de Europa y que si es necesario él firma eso en un papel. Sin embargo, esa bufonería no logra engañar a los líderes europeos.
Es cierto que la posibilidad de Ucrania de revertir la situación y de expulsar las tropas agresoras a corto plazo es difícil. Esto tiene una explicación: Ucrania, luego de parar y propinarle una dura derrota a los blindados rusos que avanzaban contra Kyiv el 24 de febrero de 2022, y tras violentos combates donde los rusos intensificaron el cobarde bombardeo sobre los civiles de Kharkiv, Soumy, Marioupol y Tchernihiv, la resistencia ucraniana estabilizó la situación. El 24 de marzo, lamentablemente, los rusos entraron a Marioupol, pero los soldados de Ucrania conservaron sus posiciones en las otras regiones.
La ayuda de Washington fue prácticamente abandonada por la administración Trump desde enero de 2025. Desde esa fecha, Trump sometió al presidente Zelensky a humillaciones en la misma Casa Blanca, delante de la prensa, como preámbulo a la revelación paulatina de que la política de la Casa Blanca es la de ir reduciendo gradualmente el apoyo militar y diplomático americano a Ucrania de la era Biden, para aumentar las presiones de todo tipo sobre Kiev y conseguir una capitulación deshonrosa ante Putin.
Sin embargo, el presidente Zelenski ha sabido resistir a la doctrina Trump y, gracias al coraje y al genio de su pueblo, y con el respaldo diplomático y el armamento europeo, ha impedido la irrupción terrestre de los rusos sobre Kiev, y sigue dando golpes fuertes a las tropas del dispositivo ruso y ha logrado evitar el colapso de su gobierno y el agotamiento de las capacidades de resistencia de Ucrania.
Las pérdidas de Ucrania y Rusia son enormes para las dos partes. Los rusos tuvieron que acudir a Corea del Norte y pagar tropas sin experiencia de combate. Estas han sufrido gran cantidad de bajas y no se han distinguido por su eficacia en el terreno.
Ucrania no utiliza tropas extranjeras y ha perdido partes de su territorio. Pero más de un millón de soldados rusos han muerto y puestos fuera de combate en esta guerra, según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington (CSIS) citado por New York Times. Dicha fuente agrega que cerca de 400.000 soldados ucranianos también han muerto o resultado heridos desde que comenzó la guerra (1).
La actividad urbana y la estructura social de Ucrania han sufrido deterioros, pero no han colapsado. En cambio, las sanciones internacionales aíslan a Rusia y minan su economía, lo que se traduce en la incapacidad de vencer rápidamente a Ucrania. Los rusos están perdiendo depósitos de combustibles y de armas y la posibilidad de navegar en el Mar de Azov. En julio de 2024, Rusia retiró de allí todos sus barcos y Ucrania recuperó la navegación de sus cargueros en el Mar de Azov. En los últimos 14 meses los ucranianos han destruido más de mil blindados enemigos en la ofensiva que los rusos creían fácil contra Pokrovsk.
Ucrania depende de la ayuda militar y de la información electrónica occidental, pero a la vez sirve de muralla protectora de Europa continental.
No obstante, ninguna de esas realidades geopolíticas parece ser tenidas en cuenta por los artífices en Washington del plan de paz de Trump, aunque el gobierno ucraniano y los europeos, y el mismo Kremlin, saben perfectamente que Europa ha perdido la candidez de los años 1986 sobre el tema de la paz continental.
La conciencia de los dirigentes europeos y de las poblaciones sobre lo que implicaría para la libertad del Viejo Continente una derrota de Ucrania a manos de los rusos, se amplía día a día. Para ellos la guerra ahora es, desgraciadamente, posible, y no pueden contar con el paraguas estadounidense.
La prueba: casi todos los gobiernos están dotándose de normas que reforzarán sus arsenales y ejércitos en los próximos años, tanto en tropas como en armas sofisticadas, en tierra y en el espacio, para los combates, lamentablemente, de un futuro no muy lejano. A menos de que Europa toda muestre sus capacidades defensivas y ofensivas en caso de agresión del imperialismo ruso. La obsesión moscovita de reconstruir el imperio soviético ha, pues, comenzado mal. El gran revelador de esa perspectiva, y de la importancia de no entrar en pánico y no jugar a ser timoratos, son el heroísmo y los sacrificios inmensos de Ucrania. No lo olvidaremos jamás.
(1).- https://www.nytimes.com/es/2025/06/04/espanol/mundo/rusia-ucrania-soldados-muertos-guerra.html
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