
Libardo Botero C.*
A la luctuosa conmemoración de los fatales acontecimientos de hace cuarenta años, en el Palacio de Justicia, el jueves pasado, vino a sumarse una noticia aciaga. Cuando menos lo esperaba, en la tarde, un trino del presidente Álvaro Uribe me dejó de una pieza: “Informan la triste noticia del fallecimiento de Saúl Hernández Bolívar, muy destacado columnista. Nos duele mucho su partida, un saludo solidario a toda su familia.”
Busqué de inmediato en internet y efectivamente pude corroborar la dolorosa noticia. No pude menos que rememorar tantos años de relación con el extraordinario columnista, que honró por más de una década al Periódico Debate con los dones de su excelsa pluma.
Conocí a Saúl por la época del segundo mandato del presidente Uribe, cuando ya se desempeñaba como columnista de El Tiempo. Nos encontrábamos en algunas reuniones políticas de entonces. Pero fue unos años después cuando esa amistad se consolidó cuando, en 2011, se unió a un grupo de intelectuales y escritores que decidimos fundar el Periódico Debate. Recuerdo en particular que nos acompañó el día del lanzamiento de este nuevo medio digital, en el Hotel Dann Carlton de Medellín, evento que contó con la presencia de señalados personajes de la vida nacional como el presidente Álvaro Uribe, Francisco Santos, Carlos Holmes Trujillo, Luis Alfredo Ramos y José Obdulio Gaviria, entre otros. Con frecuencia participaba también en reuniones y tertulias del periódico.
En 2019, cuando fue excluido de El Tiempo -inexplicablemente para mí, porque era sin lugar a duda su columnista estrella-, luego de escribir para el periódico capitalino desde 2005 más de 300 columnas, en una columna magistral resumió la historia de su vida. Desde su niñez tuvo una inclinación, extraña para un joven de entonces, por las noticias, editoriales y análisis de corte económico y político. Y se dedicó a escribir con frecuencia sobre esos tópicos. Cursó estudios de Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Pontificia Bolivariana, donde se graduó con honores. Y empezó, desde enero de 1999 a publicar columnas periódicas por internet, enviándolas a distintos medios.
En 2005, sin ningún tipo de influencias, siendo un desconocido total, luego de recibir por un tiempo largo sus colaboraciones, en El Tiempo, convencidos de sus innegables dotes de excelso analista, decidieron vincularlo a la planta de columnistas regulares. Poco a poco fue consolidándose comoel más leído y respetado de su plantilla. Aquel mismo diario, al registrar su retiro “por decisión de la Dirección”, en enero de 2019, tituló así la noticia en donde se daba a conocer el hecho: “Sale columnista de El Tiempo, acérrimo defensor de Uribe y detractor de Santos y Petro”. Un retrato exacto de sus inclinaciones políticas. Colaboró también en ocasiones con El Colombiano y El Mundo, diarios de Medellín.
Desde la creación del Periódico Debate, reprodujimos religiosamente las columnas que publicaba en los medios ya mencionados, con su debida anuencia. A partir de 2019, luego de su retiro de El Tiempo, y hasta su fallecimiento, de manera generosa, semana a semana, nos remitió sus columnas sin pausa. Fue, con toda certeza -y sin que ello signifique desconocimiento de la enorme valía de los demás colaboradores habituales-, nuestro columnista más leído y respetado. En estos últimos años, sus escritos semanales empezaron a publicarse en otros importantes medios digitales.
Toda esa trayectoria destacada de Saúl merece resaltarse aún más, si se tienen en cuenta sus limitaciones físicas. Sufrió Saúl desde joven una enfermedad degenerativa que limitaba casi por entero su movilidad. Permanecía en silla de ruedas todo el día, la movilidad de sus manos era muy escasa, le costaba gran dificultad hablar. Tuvo la enorme suerte de tener un padre, con quien vivía en un modesto apartamento en Envigado, quien lo atendió y apoyó con esmero gran parte de su vida, pese a su edad avanzada. Sin embargo, las facultades intelectuales de Saúl no solo se mantuvieron intactas, sino que pudiéramos decir que se potenciaron a medida que su cuerpo se deterioraba. En esas condiciones se dedicó con ahínco a leer y leer, a informarse de la situación nacional e internacional, y a escribir con disciplina encomiable, deleitándonos cada ocho días con sus excelsos análisis. Recordando a Saúl en su casa, trabajando, no puedo evitar pensar en Stephen Hawking, el astrofísico británico, uno de los científicos más grandes de nuestro tiempo, quien efectuó sus enormes aportes a la ciencia sobre los agujeros negros, pese a limitaciones físicas parecidas.
Por esas cosas de la vida, el mismo día que supe de su fallecimiento, al revisar el correo, me encontré que Saúl me había enviado dos días antes un texto informando que acababa de publicar una novela. Copio el texto del mensaje: “HOLA A TODOS. He publicado una novela titulada CUATRO SOLES, una historia de ficción enmarcada en el conflicto colombiano. Los invito a leerla. Pueden encontrarla en @Amazon, tanto en papel como en versión digital, haciendo click aquí https://a.co/d/9zAdDLq. Espero que les guste.” Es prácticamente una obra póstuma, que buscaré para leerla, como sugeriría que lo hagan quienes lean esta columna.
Muchas otras cosas valdría la pena comentar sobre el entrañable compañero de aventura por los enrevesados vericuetos del periodismo de opinión. Por ahora basta con lo que he escrito hoy. Solo me resta darle una entrañable despedida, no solo de mi parte, sino de todo el grupo de colaboradores y amigos del periódico, así como de sus lectores. Como se estila decir: Saúl, descansa en paz. Y gracias inmensas por todo lo que nos diste. Perdurarás siempre en nuestra memoria y en nuestros corazones.
* Director del Periódico Debate.
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