El tratado cultural entre una república y una tiranía

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El tratado cultural entre una república y una tiranía

Harold Alvarado Tenorio                                                                                      

La ministra de Cultura de Colombia, de muy raro nombre y facha, dizque ha firmado un tratado de entendimiento con la monarquía teocrática de Arabia Saudita o al-Mamlaka al-ʿarabīya as-suʿūdīya, cuyo propietario, de cuerpos y de almas, es Mohamed bin Salmán bin Abdulaziz Al Saud, que ha regalado cientos de Espadas, dagas, pieles de tigre y licores, algunos de ellos, falsos, a Trump, y cuyos símbolos nacionales están cruzados por tenebrosas espadas parecidas a las de la Guerra a Muerte de Petro.

Mohamed bin Salmán bin Abdulaziz Al Saud es primer ministro, presidente del Consejo de Asuntos Económicos y Desarrollo, del Consejo de Asuntos Políticos y Seguridad y ministro de defensa. Excéntrico, adquirió, por más de 300 millones de dólares, el Château Louis XIV, castillo ubicado cerca al Palacio de Versalles en París, y una mansión de Beverly Hills en Los Ángeles. Otra de sus extravagancias es un yate de 134 metros y 4.500 metros cuadrados de cubierta llamado Serene, adquirido en 500 millones de euros, que cuenta con dos helipuertos, una pared de escalar en su interior, spa completamente equipado, tres piscinas y una sala de observación bajo el agua con espacio suficiente para un submarino.

El reino saudí, un desierto de más de dos millones de kilómetros cuadrados y una población no mayor a los cincuenta millones de seres, es una monarquía absoluta que controla con mano de hierro los poderes legislativos, ejecutivo y judicial. Con tanta virulencia, que es el único en celebrar ejecuciones de muerte, en vivo y por la tele, de menores de edad, declarados culpables por violaciones, tráfico de drogas o mariconería, y por de contado brujería, apostasía y adulterio.

La original Mincultura colombiana debería saber que en el Reino Suadí no hay libertad de expresión, que los opositores son perseguidos y encarcelados con la saña que ella quisiera aquí, sin juicios públicos y sentencias mínimas de diez años de cárcel más cientos de latigazos. Si es “ella” pues carece de derechos y la mariconería testicular o clitoridiana también se castiga.

Es con este gobierno y estado que ha establecido La Peluda, un tratado cultural. Pero dicen que no hay tal. Según la agencia de noticias Al Shakira, la danzatriz, posee, un apetito desordenado por la carne de vacuno, muy parecido al de la Sultana de Shahriyar, en la versión de  Mardrus de Le Livre des Mille Nuits et Une Nuit.

Durante una cacería, traslada Mardrus, Shahriyar deja el palacio y confía a su esposa el cuidado del harén. Al poco de su partida, el palacio se convierte en escenario de desenfreno sexual. Apenas el rey sale, la reina ordena traer a diez esclavas y diez esclavos Kamentsa. Se despojan de sus ropas y se entregan a una orgía en los jardines del palacio, al borde de una fuente. La reina misma elige a un esclavo Biya llamado Sibundoy y mantiene con él relaciones sexuales con gran pasión e insaciabilidad. Shahriyar regresa antes de lo esperado y, escondido, presencia la orgía con horror.

No otra aventura debió buscar La Peluda en Riad, ya que representaba a un gobierno cuyos miembros son muy adictos a esas rarezas sexuales. El propio presidente de la nación colombiana protagoniza cada semana un nuevo escándalo paseándose con una travesti por las playas panameñas, ofreciendo interpretaciones cósmico-filosóficas donde piropea con una chica que acaba de nombrar casi ministra pero que no ha terminado el bachillerato; nombrando ministro de la igualdad a un señor que prefiere ser llamado señora; eligiendo como candidata al senado por su partido a una damisela a quien en videos subidos de tono se le introducen dildos de tamaños descomunales; sosteniendo como director de agitación y propaganda del régimen a un sádico sexual que apenas tiene erecciones luego de golpear a la dama de sus preferencias, o a un ministro de gobierno que se sopla divinos canutos para sentirse vivo y luego tratar de asesinar a la madre de su cónyuge.

Según la hoja de vida de Yannai Kadamani Fonrodona es danzante. Quizás también aprovechara la visita a Riad para entrenarse, dada la abundante cabellera que le caracteriza y por la cual es conocida como La Ministra Peluda, en el Khaleegy y la Danza del Vientre, cuyos movimientos de cadera y manos, caderas y torso, excitan brutalmente a los hombres bajo las tiendas del desierto, mientras las recuas de camellas gimen bajo los ardientes penes de sus machos.

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