
Alexander Cambero
Las guacamayas no tienen barrotes que limiten su libertad. Sus alas extendidas en el cielo caraqueño son el dibujo perfecto donde la armonía humana puede exteriorizar los sueños de ser tan auténticos como ellas. Puedes estar quebrantando en la tristeza hasta que llegan con su plumaje hermoso y la alborotadora forma de hacer notar su presencia. Es una escena que se repite a diario en muchos hogares capitalinos. Son parte del inventario familiar que, en medio de las dificultades conocidas, se sobrepone a los peligros.
Dentro de la embajada argentina unos valientes resistían mientras la veían volar. En aquel recinto diplomático la llave de la liberación había sido secuestrada por el poder establecido que los cercaban como a rehenes sin derecho alguno. Unos venezolanos execrados negándoles cualquier beneficio propio del derecho internacional. Sometidos a los vejámenes de mayor envergadura en la búsqueda de quebrar su resistencia. Fueron reducidos a las peores presiones que un ser humano pueda soportar. Sus alimentos fueron limitados. Se les cortó la energía eléctrica. Un elemento fundamental para la vida, como el agua, fue restringido de tal forma que tenían que abastecerse de una piscina. Para hacer llegar las medicinas que necesitaba alguno de los rehenes había que articular un sinfín de planes. La embajada rodeada de agentes dispuestos a todo. Esa forma grotesca de inducir el miedo por aquellos prevalecientes de un obsceno poder inescrupuloso. El sueño era asaltado por ese asiduo visitante de rondas nocturnas con la dosis del insomnio en perenne brega. Llevarlos hasta el abismo para encontrar entre ellos alguna debilidad psicológica: la puerta que abriera una traición a María Corina Machado que obligara a cerrar la verdad del 28 de julio. Era desactivar parte fundamental de su comando central. Liquidarla anímicamente para neutralizar su descomunal liderazgo.
Las dificultades los articularon de una forma granítica. Cada uno le agregó su condición personal; esa unión que se transformó en hermandad para toda la vida. Allí estaba la gran experiencia de Omar González para desde el consejo atinar con lo conveniente. Son muchas horas de vuelo político. La inteligente Magali Meda, la de saber planificar y leer entrelíneas las intenciones de Miraflores. Pedro Urruchurtu es uno de los mayores nuevos talentos venezolanos en materia internacional. Lo llegué a conocer en Barquisimeto. Sus conferencias eran un lujo. Recuerdo que me contó que había pasado un susto cuando un avión en donde viajaba desde Medellín a Bogotá estuvo a punto de precipitarse. La gente gritaba mientras él mantuvo la calma. Quizás en algún momento de su pesadilla recordó esto. Así que de susto ya conocía, aunque en circunstancias distintas. Humberto Villalobos es la calma de aquellos que trabajan con números. Hombre preciso para la idea. Claudia Macero es el coraje de una joven periodista con una inmensa capacidad para el aprendizaje. Cada característica personal fue construyendo la robusta respuesta de mantenerse incólume frente a la satrapía. El miedo fue enfrentado con reciedumbre. El compartir de lo poco se convirtió en lo mucho. Una unidad articulada con María Corina.
En el regadío de las esperanzas secuestradas un buen día volaron las guacamayas hasta los predios de la embajada. Su lindo plumaje era una invitación a creer que la libertad podía llegar más lejos de una cerca llena de hombres listos para accionar.
En una acción espectacular fueron extraídos de la embajada argentina hasta ponerlos en buen resguardo. Un golpe asestado en el corazón del gobierno. Ya no pueden vender la idea de que son inexpugnables. Es imposible que no haya existido contribución interna para que las guacamayas actuaran de manera eficaz. Sin duda la sensación de la traición del fuego amigo es algo que crece cada día.
La memoria que es cosa seria me trajo el recuerdo de la captura de Carlos Ilich Ramírez Sánchez- El Chacal – en 1994 un grupo de sus colaboradores lo entregó al gobierno francés. Hoy paga cadena perpetua, la memoria es cosa seria.
@alecambero
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