La “carreta” de Fajardo

La “carreta” de Fajardo

IvánTabaresMarín

Para un martillo todas las cosas son puntillas. Para un profesor todo es educación. El estribillo de Sergio Fajardo es: “La educación es la solución”. Más que matemático, el candidato a la presidencia de la República parece ser un monotemático porque ha mostrado su desconocimiento de la economía, el derecho y hasta del Acuerdo de paz.

Si hubiera estudiado el documento suscrito por Santos y las FARC, sin ninguna representación de las víctimas, Fajardo lo habría cuestionado porque habría encontrado que la Reforma Rural Integral no resuelve nada y habría sido mejor que el Acuerdo se centrase en una reforma educativa, tal como lo planteó James A. Robinson, de la Universidad de Chicago, en un juicioso artículo que publicó en El Espectador un año antes de la firma del Acuerdo.

Perdida esa preciosa oportunidad, las condiciones actuales del mundo, los avances de la tecnología, la pandemia y el adoctrinamiento realizado por los maestros en los últimos 65 años en concordancia con los proyectos del marxismo internacional hacen que su estribillo no sea más que un engaño para conquistar el voto de los jóvenes que prefieren la dictadura de izquierda.

Fajardo parece ignorar que más del 60 por ciento de los egresados de las universidades colombianas no encuentran trabajo en la profesión para la que se prepararon. Si usted es egresado de una universidad pública y si pertenece a los estratos económicos bajos de la sociedad, las posibilidades de que termine conduciendo un taxi, atendiendo la registradora de un supermercado aumentan ostensiblemente. Educación gratuita ¿para qué? Para favorecer la migración de nuestros jóvenes a los países ricos.

Sin embargo, el argumento más importante contra la educación como solución es otro: una gran cantidad de oficios y profesiones van a desaparecer en los próximos años porque serán sustituidos por las nuevas tecnologías. La situación será tan dramática que los países ricos ya están creando un Ingreso Mínimo Básico (IMB) para los desocupados.

Nuestra agricultura será tecnificada como es hoy en los países del primer mundo; los campesinos tendrán que abandonar los predios de la Reforma Rural Integral del Acuerdo de paz o venderlos muy baratos y migrar a las ciudades para vivir del IMB. Hasta los mismos maestros, dedicados a adoctrinar con crucigramas maliciosos contra Uribe o a poner como tarea un análisis de la serie El Matarife, no podrán seguir utilizando la manipuladora pedagogía de Paulo Freire (recomendada por el pedagogo Julián de Zubiria Sammper) para sembrar el odio de clase.

Fajardo solo busca, como otros candidatos, la reposición de los votos en dinero. Cuando se ignora la política global y los enormes intereses económicos tras los partidos, lo fácil e ingenuo es proclamar que no se es de derecha ni de izquierda. Fajardo tendria que enfrentar a toda la izquierda, apoyada hace años en el voto y la labor política del magisterio, como también la reacción del Uribismo. La educación no es la solución, es el problema, porque es utilizada por la izquierda para mantenerse en el poder.