(1) Los días que vienen

(1) Los días que vienen

Alfonso Monsalve Solórzano

A 28 días de la primera vuelta electoral, no sólo persiste la andanada terrorista de los GAOs, cuyos ataques a la población civil, Cepeda atribuye, en el clásico giro del ladrón que para despistar grita “cojan al ladrón”, a la “extrema derecha” y no a sus aliados de los GAOs; sino que, también, dicha andanada va acompañada de una agitación creciente impulsada por Petro en torno a una constituyente que se desarrollaría en el próximo período presidencial. Esta estrategia, más el anuncio de una posible nueva alza del salario mínimo, fueron promocionadas, con bombos y platillos, en su enésima participación en política, en la esmirriada manifestación del pasado viernes en Medellín.

Quiere, según dice, una nueva constitución para aprobar las “reformas”, que el congreso o las Cortes le rechazaron, y para combatir la corrupción. La estructura de la división de poderes y el control constitucional que estos ejercen a las acciones del ejecutivo, siempre le han molestado. Su objetivo irrenunciable ha sido eliminarlos para ejercer su dictadura. La de él y la del petrocepedismo que aspira a continuar en el poder. Y para que no cupieran dudas de sus intenciones, Petro anunció que estará en la calle, después del 7 de agosto, promoviendo   esa iniciativa.

Lo que viene, entonces, en el corto plazo es más terrorismo de los beneficiarios de la paz total del régimen y más participación en política por parte del presidente. Los ciudadanos del sur occidente del país ya están atemorizados y el control sobre muchos de ellos aumenta geométricamente. Pero también, en la manifestación del viernes en Medellín hubo denuncias sobre la presión a transportadores de los barrios donde las bandas criminales tienen el control, para obligar a personas de esas zonas, a participar en ella, junto con buses que traían gentes de otros municipios. Esto indica que se trata de una estrategia generalizada, junto con la toma de medidas populistas que financien la campaña con el dinero de los colombianos, como se está haciendo a gran escala

El punto es, según lo que se desprende de las palabras de Petro, que el asunto ya no va sólo hasta que termine el proceso electoral; se trata de un plan a largo alcance, según el cual, como han dicho analistas políticos y candidatos, el cambio de la constitución estará en el centro del programa de  gobierno; y si pierden y entregan el poder, el impulso de la  asamblea constituyente se convertirá en una de las consignas principales para caotizar el país y montar un “estallido social” 2.0, que no permita que el próximo gobierno desarrolle su programa y precipitar al país al abismo institucional.

Y habría que estar preparados para esto. En la actual campaña habría que denunciar estas maniobras, de manera coordinada y masiva; incluyendo movilizaciones masivas contra el terrorismo, entre otras cosas.  Pero las dos campañas de la oposición parece que están haciendo su despliegue de manera reactiva y de bajo perfil, con la urbanidad que estila la Urbanidad de Carreño para enfrentar al oponente. A veces con algunas palabras fuertes, pero cediéndole la iniciativa y el manejo de las calles. Han pasado largos meses en los que no hay una manifestación de rechazo al petrocepedismo, y eso que ha habido ocasiones y situaciones que hubiesen ameritado una gran manifestación de descontento frente, por ejemplo, a la crisis humanitaria de la salud de la que el gobierno está escribiendo una posverdad atroz, y la oleada terrorista que ha azotado al país.

Hasta el 31 de mayo habrá, probablemente, una espiral de violencia política para tratar de favorecer e imponer al heredero. Y si, como las distintas encuestas señalan, hay segunda vuelta, y uno de los dos, Valencia o de la Espriella, será candidato, desde la noche del 31 de mayo y hasta el 21 de junio, serán días dramáticos. El petrocepedismo y sus aliados harán su máximo esfuerzo, legal e ilegal, pacífico y violento, como hacen siempre, combinando todas las formas de lucha, para impedir el triunfo del candidato de a oposición. Y si esta llega a ganar, el tiempo transcurrido desde la noche del 21 de junio hasta el 7 de agosto, serán cruciales para la estabilidad democrática de nuestro país. Hacer respetar el triunfo de la posición ante todo tipo de maniobras legales e ilegales, será la tarea del momento. De ahí en adelante, con el poder de la presidencia en la mano, la crisis se enfrentará en mejores condiciones. 

La oposición debe estar preparada para estos escenarios. ¿Lo está?

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(2) Feliz cumpleaños al PECET

Alfonso Monsalve Solórzano

El Programa de Estudio y Control de Enfermedades Tropicales, PECET, de la facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia está cumpliendo cuarenta años de existencia.

Que un grupo de investigación esté festejando semejante aniversario habla, de que algo bien, muy bien hecho, están haciendo los investigadores científicos en Colombia, a pesar de todas las dificultades que tiene hacer ciencia en el país; más aún, si sus esfuerzos están al servicio de los que padecen enfermedades huérfanas -aquellas que no investigan los grandes laboratorios que producen medicamentos, porque no son rentables según sus estándares- como la leishmaniasis, el paludismo y el dengue, que afectan a los más pobres de Colombia y del mundo no desarrollado.

En Colombia, la inversión en C+T+i apenas llega al 0.2% del PIB. No obstante, esa cifra ridícula, la formación y la investigación en ciencias básica y aplicadas -y también en ciencias sociales y humanidades- ha crecido, más por la terquedad de la comunidad científica que por voluntad gubernamental, que, no solo no aporta el presupuesto que se requeriría, sino que, en muchas ocasiones, pone trabas de todo tipo. Y en ese camino, los científicos han aprendido a hacer ciencia en grande y a relacionarnos con el sector productivo nacional e internacional.

El fundador del PECET es el doctor Iván Darío Vélez, quien estudió en la Facultad de Medicina de la UdeA. Hizo su internado en Urabá y conoció de cerca el paludismo, el dengue y la leishmaniasis y la manera como afectaban a nuestra gente. Cuando tuvo la oportunidad de optar por una beca, tenía claro en qué quería profundizar. Hizo sus estudios de especialización y maestría en la Universidad de Montpelier en parasitología y enfermedades tropicales, como el dengue; y un doctorado en infectología en la Universidad de Granada. Armado con la ecoepidemiología, una visión holística y multidisciplinar a los sujetos en sus interrelaciones culturales y sociales con otros y con su entorno físico y biológico, creó el PECET este grupo de investigación interdisciplinario, con gente que lo ha acompañado desde entonces, como la doctora Sara Robledo y con otros muchos profesionales y estudiantes que han contribuido a hacer de este, un grupo de excelencia al servicio de los colombianos.

En el PECET han publicado más de 550 artículos en revistas científicas de gran impacto mundial. Pero también ha incursionado en la innovación y desarrollo de productos para la leishmaniasis cutánea, seguros e indoloros, a partir de productos naturales, pero también, de compuestos sintéticos, como la Alyeyuba, para el tratamiento de la leishmaniasis cutánea; el Hidrogel, tratamiento térmico biocompatible para el tratamiento de la leishmaniasis cutánea no complicada; y la tintura de árnica, para la evaluación en pacientes con leishmaniasis cutánea no complicada. Así mismo, han incursionado en soluciones para plagas que afectan la flora y la fauna de esas regiones, como el Molusquicida piliherbal, para el control de Lumnae columella, Galabschirazensis y Achatina fulica; y Bacteriófagos líticos, para el manejo del moko del plátano. Además, han desarrollado una pintura sintética, en colaboración con una empresa privada, para control de vectores, la que contiene un insecticida poco tóxico que ataca al mosquito Aedes Aegypti, inoculador de dengue, el zika y el chikunguña, lo que significa aumentar de manera importante el nivel de prevención contra esas enfermedades; Igualmente,  un set de diagnóstico portátil para esas patologías y una trampa acústicas para la captura de mosquitos vectores, que reproduce la frecuencia del sonido de las alas de esos insectos al batirlas, registradas por nuestros investigadores, y de esta manera los atrae para capturarlos con fines científicos.

Tienen una unidad de atención médica y de laboratorio para atender a quienes con enfermedades tropicales. Son un centro internacional de referencia en ensayos clínicos, última fase en el proceso de producción de medicamentos y vacunas, antes de ser fabricados y comercializados masivamente. Hemos hecho ensayos clínicos para vacunas de dengue y leishmaniasis en fases I, II y III; evaluaron la vacuna de Janssen contra el Covid durante la pandemia; y, en la actualmente, están en dos, contra la misma infección.

Algo verdaderamente extraordinario es la implantación de la estrategia de control biológico para el control del dengue.  Utilizaron ejemplares de Aedes aegyptis, los pequeñísimos zancudos, que son vectores de los virus de dengue, el zika y elchikunguña, a los que, previamente, previamente habíamos infectado con la bacteria wolbachia, llamada así por su descubridor, quien la caracterizó, en 1924, como gran negativa, que, al infectar moscos de la fruta, y libélulas, reduce el tiempo de vida de sus huéspedes.  El doctor Scott O´Neal, de la Universidad de Monsah, Australia, cruzó la bacteria con ejemplares de Aedes aegypti y descubrió que los portadores no transmitían el virus del dengue y perdían la capacidad de reproducirse (lo mismo se demostró, posteriormente, para la fiebre amarilla, el zika, el chikunguña y el mayaro).

El equipo de O’Neail encontró una vía revolucionaria para combatir el dengue. Era posible “sembrar” mosquitos portadores de wolbachia en las zonas donde existen los especímenes no contagiados para que se crucen y reproduzcan; los nuevos ejemplares serán estériles y finalmente desaparecerán. Se trata de una versión de control biológico. Era un procedimiento viable con alto potencial para combatir el dengue. Los investigadores de la Universidad de Monash procedieron a crear el World Mosquito Project, WMP, una red mundial que pronto tuvo el aval de la Organización Mundial de la Salud y la financiación de organizaciones públicas y privadas, como la Fundación de los Gates.

Al PECET lo invitaron a participar y, por supuesto, aceptó. El dengue es la enfermedad tropical más extendida en nuestro medio. Hasta hace poco, tenía lugar en las zonas de altitud baja, en lugares donde las aguas estancadas permitían la proliferación de los zancudos. Pero, el calentamiento global ha hecho que el insecto se establezca incluso a 2.300 metros sobre el nivel del mar, con lo que casi todas las ciudades grandes y medianas del país tienen presencia del virus. Las estadísticas hablan por sí solas: en Latinoamérica hubo, en el 2019, una epidemia que produjo 3.200.000 infectados, de los que murieron 1.500. En Colombia, se registraron 127.000 casos, con 300 decesos. Y para colmo de males, la pandemia del sida ralentizó ostensiblemente la lucha en contra del dengue. Pero, casi igual de grave es que el tratamiento tradicional de fumigación con sustancias tóxicas afecta la polinización y llegan a producir cáncer en las personas

Pues bien, en las camionetas soltaron especímenes de Aedes aegypti infectados con la bacteria wolbachia en el sur del municipio de Bello y el norte de Medellín, el Valle del Aburrá, situados a 1.450 metros, de altitud.

Era la prueba piloto de control biológico. A simple vista, los veían como un grupo de locos que estábamos sembrando diminutos mosquitos en esos barrios. Y así, era. Pero, era una locura constructiva, porque no se trataba de cualquier clase de insectos, sino de una que acabará con aquellos de su especie que inyectan el virus. Estaban haciendo historia. Era, que yo sepa, la primera vez en el país que se ponía en marcha una campaña de este tipo, que, de resultar bien, transformaría el modo de tratar esa infección y reducirla drásticamente, sin causar daños a los ecosistemas o a las personas. Un paso adelante fue la creación de una biofábrica de mosquitos infectados con wolbachia, para liberarlos masivamente en las zonas de dengue, la primera de su tipo en Latinoamérica. Desafortunadamente, el ministerio de salud del actual gobierno no incluyó esta estrategia de control biológico en el Plan Nacional de Lucha contra el Dengue, lo que llevó a los australianos a retirarse y al PECET a cerrar la fábrica de mosquitos.

 Pero la experiencia ya es tan exitosa, que la aplicaron en las ciudades de Villavicencio, Cúcuta, Montería y Armenia. Y se llegó a acuerdos con Paraguay, Perú y Cuba, para aplicarla y exportarles mosquitos. Otros países como México y Brasil están interesados en este control biológico.

Son un grupo de excelencia y de referencia en la clasificación del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Han alcanzado un esquema de gestión que cuenta con un comité científico que toma todas las decisiones estratégicas en investigación e innovación y grupo primario de científicos de médicos ecoepidemiólogos, salubristas, infectólogos, bacteriólogos, enfermeras, y un grupo rotante de estudiantes de doctorado y maestría en estas áreas y en bioingeniería, ligados a nuestras líneas de investigación y desarrollo tecnológico. Sus decisiones se tramitan en una gerencia administrativa que tiene a su cargo un departamento de desarrollos tecnológico; otro de sociología y antropología social y uno de comunicaciones, para tener un frente de divulgación muy fuerte.

Todo esto les ha permitido llegar a este punto. Hacen ciencia y tecnología a escala, en un país pobre. En su historia de cuarenta años partieron de cero y con el esfuerzo de quienes han participado en el PECET, son un grupo importante para la salud de los colombianos, en especial, de los más vulnerables; Y creo que han superado el modo artesanal de ciencia y tecnología, algo que, en las circunstancias del país, es un logro.

Felicitaciones infinitas a los doctores Iván Darío Vélez, fundador; a la doctora Sara Robledo, actual directora y a todos y cada uno de los que han hecho posible este magnífico grupo I+D+I