La mirada de Iván Cepeda

La mirada de Iván Cepeda

Iván Tabares Marín

En su texto Arqueología del saber, Michel Foucault dice que trata sobre la mirada. En realidad, todo lo que escribimos y decimos es expresión de nuestra mirada del mundo, condicionado por nuestra historia, recuerdos y creencias: somos algoritmos conformados por las ideologías que nos impusieron la familia, maestros o la sociedad. Por eso, la mirada de Iván Cepeda es resultado de su formación desde muy joven en los países del este de Europa cuando allí mandaba el comunismo.

Y aunque asegura que continuará el proyecto de Gustavo Petro, su primera decisión fue elegir a una indígena, viuda de un guerrillero, como fórmula vicepresidencial. Como buen marxista, Cepeda debió elegir al presidente de la CUT, el ingenuo y mal informado Fabio Arias Giraldo, “quemado” en las últimas elecciones para el Congreso.

También es contradictoria la elección de la indígena Aida Quilcué porque el comunismo de la lucha de clases y del proletariado no tiene relación alguna con los planes de los indígenas. En ninguna parte de El Capital, de Carlos Marx, se plantea la participación de indígenas, campesinos o la comunidad LGBTIQ+ en la revolución. Algo análogo hizo Gustavo Petro al tomar como derrotero el decrecimiento económico que le enseñaron los curas en la Universidad Católica de Lovaina, la misma donde se formó en sociología el cura guerrillero Camilo Torres.

Los indígenas no aman nuestra organización política, la religión cristiana, nuestra moral y nuestra visión del desarrollo. Su religión es la Pacha Mama; su ley, la de sus caciques o líderes comprados por el gobierno para que voten por la izquierda y, si resulta un líder indígena uribista, lo asesinan; su moral es la del Talión, ojo por ojo y diente por diente, como su sucedió con el conductor que atropelló accidentalmente a una indígena en la costa.

Además, las comunidades indígenas están en vía de desaparecer por la asimilación en nuestra cultura. En 1830, el porcentaje de la población indígena era de 48, hoy es el 4,4 por ciento de los colombianos, según el DANE, dato que tiende a disminuir por la influencia de la tecnología. Cepeda debió escoger como fórmula presidencial a uno de tantos indígenas asimilados con título universitario y con experiencia administrativa y no a Aida, quien no tiene preparación académica ni experiencia en administración pública, una tragedia para Colombia si mi tocayo no termina la presidencia en caso de ganar las elecciones. Pasaríamos de un enfermo mental grave a una indígena sin otra mirada que sus saberes ancestrales.

Con toda razón Mauricio Botero nos recordó en su columna de El Espectador que Iván Cepeda nos cambió el “agua bendita” por “chicha” y conservó el “vodka” en el brebaje que nos ofrece y que ya fracasó en Bolivia. La teología de la liberación nos ofrecía la combinación de las bienaventuranzas del manso de Nazaret (agua bendita) con el marxismo ruso de las guerrillas (vodka); el brebaje (chicha) de Evo-que-no-lee o de Aida Quilcué lo mezcla Iván Cepeda con la pócima del fracasado marxismo (vodka) de Stalin.