Martin Eduardo Botero
“Este domingo 8 de marzo Colombia vuelve a las urnas.
No es una jornada cualquiera. Es una evaluación.
El Congreso que termina su periodo no deja un legado de grandeza institucional. Deja escándalos. Deja investigaciones. Deja procesos judiciales. Deja una sensación persistente de desgaste y de oportunidad perdida.
Cuando dos presidentes del Congreso enfrentan procesos por corrupción, el problema no es anecdótico. Es estructural.
El país no puede normalizar eso.
Al mismo tiempo, el Ejecutivo prometió una transformación profunda. Prometió cambio histórico. Prometió ruptura con las prácticas del pasado. Pero los resultados han sido, en muchos frentes, tensiones institucionales, incertidumbre económica y una polarización que no ha disminuido.
El ciudadano no vota por promesas. Vota por balance.
Y aquí surge una realidad incómoda: gran parte del Congreso que se elegirá este domingo proviene de las mismas estructuras que hoy se critican. Más del 70% —según distintos análisis— está compuesto por nombres, clanes y maquinarias que ya estuvieron.
Eso obliga a una reflexión más profunda.
El problema no es solo quién gobierna.
El problema es cómo se reproduce el poder.
Cambiar caras no siempre cambia prácticas.
Cambiar discurso no siempre cambia cultura política.
Por eso el 8 de marzo no debería ser un acto de entusiasmo ideológico. Debería ser un acto de memoria.
Memoria sobre cómo votaron.
Memoria sobre qué defendieron.
Memoria sobre qué callaron.
Memoria sobre qué toleraron.
El voto es libre, personal y secreto.
Pero no es neutro.
No basta con estar inconforme.
Hay que preguntarse si se está dispuesto a seguir premiando lo mismo.
La democracia no se corrige sola.
Se corrige cuando el ciudadano decide no repetir.
No diré por quién votar. No es mi naturaleza hacerlo.
Pero sí diré algo con claridad: Quien crea que el país necesita rumbo distinto no puede actuar con indiferencia.
Y quien crea que el Congreso saliente fue un ejemplo, tiene derecho a ratificarlo.
El 8 de marzo no es solo una elección legislativa.
Es un juicio político silencioso.
No contra discursos.
Contra trayectorias.
Y la historia demuestra que los pueblos no cambian cuando se indignan.
Cambian cuando votan distinto.
Amen”. (Marzo 6)
* Publicado en su cuenta de X (@boteroitaly).
