Alfonso Monsalve S.
El presidente Petro está desaforado. Ahora dictó un decreto por medio del cual reglamenta la cantidad máxima de EPS por número de habitantes de ciudades y pueblos, con el argumento de que hay que territorializar el servicio para hacerlo eficiente. De esta manera, que moverá afiliados, sin autorización de ellos, en un giro autoritario sin precedentes, que niega el derecho a la libre elección del prestador del servicio de salud. El mecanismo es que, en cada lugar, las EPS que tengan menor cobertura, deberán trasladar sus afiliados a las que tienen mayor cantidad de estos. Con este procedimiento, 6.6 millones de personas serán trasladadas contra su voluntad. Totalitarismo en estado puro.
Y, peor aún, resulta que la beneficiada de esta maniobra es la Nueva EPS, la misma que ha intervenido el gobierno, y que ha estado en el centro del huracán por no entregar medicamentos a sus pacientes, algunos de los cuales han muerto, como el niño Kevin Acosta y la adulta mayor Cecilia Acosta; una “EPS que no presenta estados financieros desde 2023, que en menos de dos años aumentó cuatro veces sus deudas (de $6 billones a $24 billones), que acumuló 120.000 tutelas sin responder y que ha tenido cinco interventores en 21 meses” afirma El Colombiano, consultado el 28.02.2026, diario que se pregunta “¿qué podría salir mal? Para el gobierno del presidente Gustavo Petro, parece que nada”.
Con la aplicación del decreto, la Nueva EPS será la única prestadora en 608 municipios de Colombia y pasará de tener 11.6 millones a 14.8 millones, con un aumento de unos 3.1millones de afiliados (La República, consultada el 28.02.2026). Y claro, está, Petro ha dado la orden para que sea totalmente pública, buscando, ahí sí, recursos para pagar las deudas y ponerla a funcionar. ¿Cómo?, por supuesto no lo dijo; pero desde ya, si logra imponer su voluntad por encima de todos, Cortes, Congreso, opinión pública, pacientes, lo que se viene es la debacle: por los resultados vistos, será la decepción y la amenaza de muerte para casi el 30% de la población colombiana. Y si Petro gana las elecciones, lo será para el 100%, pues su objetivo, como se ha dicho mil veces, es hacer público el sistema, para que Petro, Cepeda y sus depredadores sean los dueños de la salud y de los dineros destinado a ella, politizando ese derecho hasta convertir a los ciudadanos en mendicantes de ese derecho esencial y esclavos de su voluntad. Eso, lo que quede, después de robárselo.
Por otra parte, sabemos que está engrosando las arcas del estado a como dé lugar, para comprar votos través de contratos s dedo y subsidios, en tal cantidad que podrán alterar la transparencia de las elecciones.
Y como si fuera poco, ahora está poniendo en duda el sistema electoral colombiano, el mismo que lo eligió a él como alcalde de Bogotá, senador y presidente. Su objetivo es desconocer los resultados si no ganan el congreso y la presidencia. ¿Cuál es la razón? Existe la posibilidad de que tenga sus propios sondeos, que podrían ser desfavorables, o, porque a medida que aparecen en la línea de tiempo nuevas encuestas, algunas de ellas reflejan un estancamiento de ese sector (de hecho, en la última de Atlasintel hay un empate técnico entre Cepeda y Abelardo y un aumento en la intención de voto por Paloma Valencia y la suma de votos de los independientes y la oposición podría superar los del Pacto Histórico). Si la oposición gana, sería la excusa perfecta para iniciar una ola de violencia en el país, invocando un supuesto fraude. Pero existe otra explicación, que no es descartable, conociendo a Petro: deslegitimar las elecciones puede, incluso, tener el propósito de suspenderlas para que Petro permanezca en el poder.
En síntesis, a hoy, existe una gran posibilidad de que los sectores democráticos pierdan las elecciones o que no haya comicios. Y desde las fuerzas de la oposición y de la democracia le han estado facilitando al petrismo este estado de cosas.
Afirmo que los colombianos estamos perdiendo la capacidad de protestar y hacer valer nuestros derechos. Estamos como anestesiados. Una parte de la responsabilidad recae en la sociedad civil, pero, en mayor medida, en las organizaciones políticas independientes y de oposición, porque las cortes, los organismos de control y las fuerzas mayoritarias del congreso (este, mal que bien) han hecho la tarea de garantizar la independencia de poderes.
Pero, en esta coyuntura, más allá del papel del legislativo, los partidos y organizaciones independientes y de oposición tienen en esta época electoral, en medio de la ofensiva petrista por perpetuarse en el poder, la obligación moral y política de denunciar e intentar la movilización de los colombianos, frente a las acciones arbitrarias, corrupción y populismo petrista. Y eso no ha ocurrido con la intensidad que debería para tener efectos políticos positivos.
Los grandes líderes no han sido capaces de consensuar un candidato único a la presidencia en torno a un programa común y a una agenda común en el congreso, de los sectores independientes y de oposición; ni siquiera, un comité para tratar los asuntos estratégicos que le atañen al país, como la manera en que se va a defender del derecho a la salud de los colombianos y una ruta para defender las elecciones.
En definitiva, han renunciado a la unidad de acción para proponer una resistencia activa y pacífica de los colombianos.
Como consecuencia, sin control y disciplina partidarias, hay un candidato presidencial que actúa como rueda suelta y una consulta presidencial, que seguramente ganará Paloma Valencia, pero cuyo resultado no garantiza la unidad de los participantes (afortunadamente, algunos no tienen ninguna o una muy escasa representación). Si hubiese habido unidad desde el principio, podríamos haber ganado en primera vuelta. Ahora, habrá que ir a la segunda y depender de muchos factores, que son imponderables, por ejemplo, ¿habrá crecimiento de Cepeda gracias al populismo petrista? ¿cómo reaccionarán los votantes del ‘centro’? Debe haber un compromiso de los líderes y los partidos y organizaciones de centro y derecha para votar por quien gane en la primera vuelta.
Pero hay un punto esencial, previo: hay que ganar el congreso y debe haber un acuerdo para hundir en él la iniciativa de una constituyente. Si esta pasa, el populismo marxista se apoderará definitivamente del país. Y la mala noticia es que las encuestas hablan de una gran ventaja del petrismo en las elecciones parlamentarias. Esta última semana debería concentrar todos los esfuerzos en sacar el mayor número de congresistas posible de todas las fuerzas, que impidan la aprobación de la constituyente y las iniciativas petristas de estatización, que se profundizarían. En esta elección la democracia colombiana se está jugando el pellejo. Si se pierde el congreso, se habrá hecho el primer nudo del lazo con el que ahorcarán a Colombia,
Postscriptum
El análisis se ha hecho sobre el supuesto de que Cepeda será el candidato de la izquierda radical a la presidencia. Pero todavía está por aclara cuál será la posición de Estados Unidos frente a tal candidato, mencionado en los computadores de Reyes y gran amigo de alias Iván Márquez y alias Jesús Santrich, conocidos aliados de Maduro y acusados de narcotráfico. Una investigación norteamericana recompondría el tablero de las elecciones.

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