El falso fraude electoral

El falso fraude electoral

Alfredo Rangel                                                                                          

El Presidente genera dudas falsas sobre lo que es transparente, pero cubre con un manto de silencio las amenazas violentas de los grupos criminales.

Petro fue elegido concejal, y no alegó fraude; fue elegido representante a la Cámara, y no alegó fraude; fue elegido senador, y no alegó fraude; fue elegido presidente de la República, y tampoco alegó fraude. Pero ahora alega que el sistema electoral colombiano es un fraude. Típico del jugador tramposo: cuando sabe que va a perder, se anticipa a alegar que le van a hacer trampa, para así desconocer el resultado del juego, que terminará perdiendo.

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Lo paradójico es que las próximas elecciones podrían ser las más transparentes de nuestra historia, por la acción denodada y mancomunada que han estado realizando la Registraduría, la Procuraduría, la Defensoría del Pueblo y los demás entes de control. Además, vamos a contar con la más robusta presencia de observadores de la comunidad internacional, que suman más de 600, entre ellos 300 de la Unión Europea, de la OEA y también del Centro Carter, a los que se suman varias organizaciones civiles independientes nacionales y el más nutrido grupo de testigos electorales de todos los partidos políticos con que hayamos contado. Los formatos E14 del primer conteo van a ser publicados y, adicionalmente, todos los testigos de todos los partidos podrán fotografiarlos in situ para hacer sus propios escrutinios. Los varios simulacros de prueba del sistema informático de escrutinio han resultado positivos. Nuestro sistema electoral es absolutamente confiable y transparente.

Los que atentan contra la libertad del sufragio son los grupos armados criminales que, en muchas regiones del país, persiguen a la oposición, le impiden hacer campaña, amenazan, secuestran y atentan violentamente contra sus voceros –cuya primera víctima fue el inmolado Miguel Uribe Turbay–, y además, presionan a la población para que vote y apoye a los candidatos del Gobierno. Ahí sí hay un alto riesgo de afectación de las elecciones en zonas donde esas bandas criminales quieren distorsionar la voluntad popular en favor del Gobierno. No son tontos. Saben que este gobierno los ha tratado con benevolencia y que les ha dado muchas ventajas. Por eso le apuntan a que haya continuidad de esas políticas laxas que les han permitido multiplicarse en número, expandirse en el territorio y enriquecerse como nunca.

Petro sabe que, con una opinión negativa de su gestión de más del 60 %, no hay forma de que su candidato a sucederlo gane unas elecciones.

Pero Petro ataca al sistema electoral con el fantasma de un fraude imaginario y, al mismo tiempo, calla sobre las amenazas reales de las bandas criminales. Genera dudas y suspicacias falsas sobre lo que es transparente y confiable, pero cubre con un manto de silencio las amenazas violentas de los grupos criminales que, de hecho, lo están apoyando, como es de público conocimiento.

De esta manera, Petro trata de eludir mañosamente las advertencias que muy seguramente le hizo el Gobierno de Estados Unidos en su reciente visita a Washington, so pena de mantener o ampliar las sanciones que ya pesan sobre Petro y su entorno familiar y político: nada de intervenir directamente en las elecciones en favor de su perpetuación en el poder en cuerpo ajeno, ni de violación de topes electorales, ni de auspiciar o permitir el ingreso de dineros turbios en favor de sus candidatos, etc. En un momento en que la administración Trump dirige su atención hacia América Latina para limpiarla de dictaduras filocomunistas y de gobiernos de extrema izquierda, el Gobierno de EE. UU. no va a permitir que un gobierno socialistoide se perpetúe tramposamente en Colombia, su principal aliado estratégico en la región.

Entonces, Petro, como veterano impulsador del caos, genera la confusión: invita a que los jurados electorales tachen todos los espacios en blanco en los E-14, o que las Fuerzas Militares se inmiscuyan en las elecciones. Sabe que, con una opinión negativa de su gestión de más del 60 %, no hay forma de que su candidato a sucederlo gane unas elecciones, que desde ya se van a convertir en un plebiscito en contra de su propio gobierno. Entonces apela a la confusión y al caos. Pero, a pesar de la violencia progubernamental y del confusionismo gubernamental, el orden y la transparencia electoral prevalecerán con toda seguridad en el país.

26.02.2026

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