
Iván Tabares Marín
Con frecuencia me pregunto cuál es más cínico, si Gustavo Petro o Claudia López, pero es difícil definirlo. De Claudia recuerdo su participación en las marchas de la Primera Línea, al lado de los encapuchados terroristas, dos o tres semanas antes de posesionarse como alcaldesa de Bogotá, a lo que el mismo Petro ni su hija Sofía se atrevieron. Por aquellos días, Claudia les habló a los encapuchados financiados por las guerrillas, la izquierda internacional, organizaciones criminales y Gustavo Bolívar del Pacto Histórico, palabras más o menos: “no se preocupen por el daño que le hacen a Transmilenio porque eso se paga con impuestos”.
Con toda razón Felipe Zuleta dice de ella que tiene un comportamiento “gaminesco”. Tuvo la desfachatez de entrometerse en la multitudinaria “Marcha del Silencio” en la que recibió todo tipo de abucheos: “fuera Claudia”, “oportunista”, “fuera, fuera”. Luego escribió en X: “Acompañamos la
#MarchadelSilencio en Bogotá y la rabia está a flor de piel. Comprensible (…) Este país y sus calles son de todos (…)”.
En palabras de Slavoj Zizek, citando a Jacques Lacan, “El cínico asume una posición objetiva (sin sujeto) imposible, desde la cual se contradice con sus palabras o actuaciones”. Es objetivo (o legal) que los daños del transmilenio se pagan con impuestos, pero eso no hace indiferente o bueno destruirlo. Es objetivo que las calles son de todos, pero Claudia no puede ocultar que las
protestas eran contra ella. Cínica.
Las marchas terroristas de Izquierda son pagadas por bandas criminales y el Gobierno; la minga es organizada y pagada con dineros del erario; su objetivo es sembrar el terror, atacar la fuerza pública para obtener grabaciones o video que luego son editados para desprestigiar los gobiernos democráticos; los funcionarios públicos son obligados a participar en las manifestaciones ridículas
que apoyan al exguerrillero. Todo lo que hace la izquierda se enmarca en el más
repugnante cinismo.
Para no ser injusto, es bueno aclarar que el cinismo es una característica de todas las ideologías fundamentalistas, incluidas las religiosas. El cinismo del cristianismo quedó manifiesto en las cruzadas. Recuerdo los genocidios realizados por los ejércitos del papa en la primera cruzada (la masacre de Ma’arrat en 1099) y en la que se llevó a cabo al sur de Francia contra los cátaros. La consigna era “mátenlos a todos que Dios escogerá a los cristianos. En este caso, la verdad objetiva es la palabra de Dios que entra en conflicto con las palabras y acciones de los cruzados. Exactamente lo mismo pasa con las guerrillas y los partidos de izquierda: toda barbarie y terrorismo se “justifica”
porque están actuando a nombre del “pueblo”, el equivalente al Dios de las religiones.
Mas ese cinismo no funciona solo a nivel colectivo. Cada individuo puede ser cínico cuando toma como fundamento de sus actuaciones la palabra de Dios o de su partido. En el nombre de Dios o del pueblo todo está permitido. Es la banalidad del mal, analizada por Hannah Arendt en el caso de los nazis. ¿Qué diferencia hay entre Hitler y Gustavo Petro?
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