
Martin Eduardo Botero*
Hay fotografías que no necesitan explicación.
No porque muestren violencia explícita, sino porque revelan algo peor: la indiferencia del poder.
Ahí están, en el piso, los alcaldes de Canalete, Puerto Libertador, Puerto Escondido, Cotorra, Lorica y Tierralta.
No como políticos.
No como adversarios.
Sino como hombres derrotados por la tragedia, rogando ser escuchados.
Y arriba, hablando, hablando sin mirar abajo, Gustavo Petro, un hombre que durante años dijo gobernar para el pueblo.
Pero el pueblo —cuando se sienta en el suelo— ya no entra en el encuadre del poder.
Esto no es una escena administrativa.
Es una escena moral.
Los miserables no son quienes están sentados en el piso.
Los miserables son quienes permiten que otros se sienten ahí mientras ellos peroran desde lo alto.
Porque —como enseñó Victor Hugo— no hay espectáculo más triste que el del poderoso que ríe donde el pueblo llora.
Esta imagen quedará.
No como prueba de una emergencia, sino como símbolo de una ruptura: cuando el poder dejó de inclinarse ante el dolor y el pueblo entendió que estaba solo.
Amen.” (Febrero 10)
(Cita de Melquisedec Torres, @Melquisedec70, de febrero 10: “La imagen de la indolencia. Mientras el charlatán peroraba y peroraba, los verdaderos damnificados – los alcaldes de los municipios cordobeses – en el piso esperando que ese mesías los atendiera.
Los alcaldes de Canalete, Puerto Libertador, Puerto Escondido, Cotorra, Lorica y…”)
* Publicado en su cuenta de X (@boteroitaly).
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