La verborrea de Petro

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La verborrea de Petro

Iván Tabares Marín                                                                                                  

A veces me arrepiento de no haber publicado en un libro las columnas dedicadas a contar la historia del cristianismo después de que la exalcaldesa de Pereira, Martha Elena Bedoya, me comentara que las había coleccionado todas.

Mis investigaciones sobre Jesús histórico habrían servido para llenar un vacío que ha existido por decisión de la iglesia católica, ya que, como comentó el padre Alfonso Llano Escobar, hace apenas medio siglo que empezaron a llegar a nuestras librerías las investigaciones que se venían haciendo al respecto en Europa desde el siglo XVII por la influencia de la Reforma protestante con su doctrina de la libre interpretación de las sagradas escrituras, y los colombianos solo conocíamos la versión del clero.

En este contexto se puede comprender mejor la verborrea o coprolalia (literalmente, “hablar mierda”) de Gustavo Petro al referirse a un tema que se desconoce, como es la sexualidad de Jesús. En los textos de la psiquiatría, que estudié en la facultad de Medicina, la coprolalia es un síntoma de algunas patologías mentales graves como la enfermedad bipolar.

Eso no significa que este es el diagnóstico aplicable a Petro porque todos los colombianos somos testigos de su falta de autocrítica, mitomanía, narcisismo, paranoia, delirios de persecución y distorsión de la realidad, todos signos graves que puede presentar un esquizofrénico, “borderline”, narcisista, psicópata o antisocial. Una junta médica debe definir un diagnóstico.

Pero más grave que la enfermedad mental del exguerrillero es la patología de los militantes del Pacto Histórico y de sus votantes. En cuanto a los militantes de los partidos de izquierda, es obvio su interés por llenarse los bolsillos con un puesto en el gobierno o con un buen contrato. Un ejemplo es la pereirana exministra de Trabajo, Gloria Inés Ramírez. Cuando vio que las primeras páginas de los periódicos empezaron a denunciar su nepotismo, inmediatamente renunció sin haber hecho nada importante en el ministerio durante tres años. Salió millonaria y sus familiares también.

Son tan ineptos y mediocres los compinches de Petro que 44 de sus congresistas nunca pasaron por la universidad y no se sabe si terminaron la secundaria o la primaria, según investigación realizada por la revista Semana. Además, cuentan con una universidad que les vende los títulos. Ya van 779 casos denunciados por la congresista Jennifer Pedraza. Y cuando no pueden hacer trampa, Petro modifica los requisitos de ley para ocupar el cargo mientras las cortes y la Procuraduría miran para otro lado. Es un gobierno de ignorantes.

Ahora, mientras en la periferia los votos por la izquierda son coaccionados por las guerrillas, en el centro del país un 70 por ciento de los jóvenes votan por la izquierda porque sus fuentes de información son las redes sociales o ellos fueron adoctrinados en colegios y universidades. A la mayoría de los colombianos mal informados no les importan las herejías de Petro, ni su desprecio por la religión y la familia: solo esperan una limosna o un subsidio. Los pueblos tienen los gobernantes que se merecen.

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