La visita, el crimen de lesa humanidad y el insulto

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La visita, el crimen de lesa humanidad y el insulto

Alfonso Monsalve Solórzano                                                                                                   

Ya mañana sabremos con certeza el resultado de la visita de Petro a Trump. Sin embargo, hoy podemos anticipar que no saldrá bien librado del encuentro. En efecto, viaja asustado y

obsequioso, esto último, envuelto en alguna frase del tipo “Tienen que devolverlo (refiriéndose a Maduro) y que lo juzgue un tribunal venezolano, no estadounidense”, que quiso ser explosiva, pero, ni siquiera fue una chispita mariposa frente a la pomposa y muy explosiva incitación a los militares norteamericanos a no obedecer las órdenes del comandante en jefe, en el Oriente Medio, hecha en plena ciudad de Nueva York, que le costó la pérdida de su visa y su inclusión en la Lista Clinton.  Algo que lo tiene muy golpeado e intranquilo. Sabe que no es el duro del gimnasio, sino el saco de boxeo.

Petro, luego del sopapo que recibió, sabe que con Trump se trata de un juego del gato con el ratón, donde este es el felino, y por eso, el presidente, para cubrirse un poco la espalda, desató una cierta ofensiva contra el ELN y las Disidencias y cuestionó la metodología de la medición de hectáreas de cultivos y de producción de coca y cocaína respectivamente para hacer pasar como buena su mercancía barata de que en su mandato han disminuido las hectáreas sembradas, la producción y los decomisos.

Y por eso, tratará de vender el bulo de que es el colombiano que más ha enfrentado el narcotráfico encarando al paramilitarismo y sus cómplices, pero escondiendo cuidadosamente  bajo la alfombra que proviene de una organización que practicó esa actividad y se alió con el Cartel de Medellín para incendiar el Palacio de Justicia y asesinar a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia; y que durante toda su vida política legal ha sido cercano y aliado  las guerrillas originariamente provenientes de la izquierda, que se convirtieron en las principales organizaciones narcotraficantes, a las que, durante su gobierno, protegió y permitió su expansión hasta el punto de poner en peligro las elecciones de este año, con su política de paz total.  Y que, como si fuera poco, incluyó en esa fatal iniciativa, a los grupos descendientes de las antiguas autodefensas, que, por supuesto, también crecieron desbordando el estado de derecho en amplias zonas del territorio nacional.

Pero los norteamericanos no son estúpidos. Ellos saben perfectamente esa historia, y no porque algún empresario o político de la oposición se la haya dicho, sino porque ellos siguen cuidadosamente nuestra historia.

Ahora bien, puede ser cierto que Trump es una persona de temperamento variable e impredecible en muchos aspectos, pero sabe exactamente lo que quiere de Petro. Le exigirá resultados comprobables en la lucha contra el narcotráfico, materializados en el combate efectivo contra las disidencias y el Eln, así como contra el Clan del Golfo y las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra nevada. Y en la mira de Trump estarán, especialmente, el ELN y las disidencias, por su vinculación orgánica con el régimen chavista, hoy doblegado por el gobierno de Trump.

Y, en este marco, Petro puede ser reprendido y humillado en público por el norteamericano, algo que ya hizo en alguna ocasión con el presidente ucraniano Zelenski. O, puede ser abrazado y elogiado profusamente; incluso, puede que le levanten la sanción de la Lista Clinton y le devuelvan su visa.

Pero a nadie escapará que será “reivindicado” de la misma manera que su amiga, la fantástica Delcy Rodríguez (al decir de Trump) , porque cumple (y también sus cómplices, su hermano Jorge y Cabello y Padrino)  con las tareas asignadas, contra su voluntad, bajo amenaza de extracción y otras represalias;  tareas como la reforma para permitir que las compañías petroleras norteamericanas ingresen de nuevo a  los campos de explotación del hidrocarburo; o la liberación de centenares de presos políticos, que avanza; y la ley de amnistía general para esos presos y el cierre del Helicoide, convertido prisión y  centro de tortura emblemáticos del chavismo.

En cualquiera de los dos escenarios Petro es perdedor; si ocurre el primero, el desplante vendrá acompañado de medidas de represalia que lo afectarán a él y a su círculo próximo de manera catastrófica porque previsiblemente la Casa Blanca manejará informaciones irrefutables sobre las actuaciones de Petro, que lo pondrán contra las cuerdas; si sucede el segundo, el presidente tendrá las manos atadas y le será muy difícil ocultarle al país ya la comunidad internacional, que está doblegado.

En ambos casos, la campaña de Iván Cepeda se afectará irremediablemente porque es un hecho conocido y público que ha tenido amistad y contactos estrechos con miembros de las disidencias de Márquez, del corazón del chavismo y en la mira de los Estados Unidos. Si tienen alguna duda pregúntense por qué Cepeda no se ha pronunciado sobre el crimen trasnacional del narcotráfico y su papel en este, de sus amigos.

Pero el viaje se da, además, en circunstancias muy adversas para Petro:

La Corte Constitucional suspendió provisionalmente la reforma tributaria hecha bajo la sombrilla de la declaración de emergencia económica de finales del año pasado. De esa manera le cortan el chorro -aunque logró recaudar 16 billones en enero- destinados a financiar la burocracia y a comprar las conciencias y votos para las elecciones. El argumento de que la acción de la Corte favorece a los mega ricos es falaz: piénsese que sólo en impuestos de alcohol y tabaco, se le estaban quitando a los sistemas de salud y educación departamentales, billones de pesos que están destinados a los más pobres. Las razones esgrimidas por la Corte hacen presagiar que en el fallo definitivo, en unos dos meses, la reforma se hundirá.

Además, los sucios negociados que han hecho los funcionarios nombrados por el gobierno para administrar las EPS intervenidas por fin salen a la luz: el mismísimo Petro afirmó que los interventores que nombraron hicieron “busines” (¡sic!). Como siempre, echándole la culpa a los demás, como si en esa crisis que ya tiene niveles de crimen de lesa humanidad, se moviese una hoja sin la voluntad de Petro y su ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo. (A propósito, ¿por qué la recuperación del sistema de salud de los colombianos no es una consigna central, junto con la de recuperar la seguridad y combatir la corrupción en los puntos esenciales de la oposición?).

Y como si fuera poco, las menciones, según las cuales Jesús hizo el amor con María Magdalena, resultan no sólo irrespetuosas, sino sacrílegas para los practicantes del cristianismo. Un jefe de estado debe ponderar todos los credos que profesan los ciudadanos. La libertad religiosa es la libertad de profesar un credo, no de burlarse o hacer interpretaciones que solo reflejan la bajeza moral de quien las hace sin considerar siquiera que hay muchos a quienes ofende gravemente. Pero ese es Petro; pero también, la gente como él. Ya los cristianos tomaron nota.

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