
Alexander Cambero
El 28 de julio del año 2024 los venezolanos elegimos a Edmundo González Urrutia como presidente de la República. Fue una hermosa gesta en donde los venezolanos escogimos a un hombre de enormes credenciales cívicas para que ejerciera la primera magistratura nacional. Fresca en la memoria el robo descarado de los comicios por parte de la aviesa dictadura tan nefasta entre los delirios de sus despropósitos.
El gran autor del desfalco electoral es el actual reo neoyorkino junto a su deleznable equipo, en donde destaca Delcy Rodríguez como pieza clave de la conjura. Es decir que el poder que ostentan está lleno de ilegitimidad porque es producto de un escamoteo tan desvergonzado que fue probado por las actas obtenidas. Eso lo conoce el mundo libre. Lo que hemos tenido acá es una vulgar usurpación en donde la actual encargada es corresponsable. Ella no es una mansa paloma surgida del sombrero de un mago. Es parte de esta desgracia que hundió a Venezuela en el peor de los abismos. Es la Hidra de Heracles de la mitología griega, aquel monstruo acuático que regeneraba dos cabezas por cada una de las cortadas.
El gobierno de Donald Trump capturó a Nicolás Maduro y su esposa, acusándolos de múltiples delitos. Ahora la reproducción revolucionaria la encabeza Delcy Rodríguez. De su interinato solo saldrá el mismo veneno que infectó la suerte de millones que tuvieron que huir. La penosa realidad de presos políticos sometidos a los peores escarnios que se conozcan, la revolución purulenta del asalto descarado a las finanzas públicas que redujeron dramáticamente la calidad de vida de los venezolanos. El sistema que quebró las empresas y pulverizó los sueldos y salarios para hacerlos polvo cósmico. Delcy Rodríguez es la continuidad de una conspiración mafiosa amiga de vándalos y traficantes de la venganza totalitaria. Es parte de toda una red que responde a intereses antidemocráticos y que auspicia el asalto en contra del mundo libre. Las democracias del planeta tienen que estar atentas a este accionar acomodaticio que entre hojas de parra quieren ocultar como la piel del camaleón. Disfrazarse de cooperante para ir llevando a su proceso a buen resguardo.
En definitiva, para poder resolver la crisis política nacional, lo primero que tiene que hacer Washington es reconocer a Edmundo González Urrutia como presidente. La dictadura siempre ha querido que este hecho sea desconocido. Ya vimos cómo pretendieron extorsionar a la esposa de Rafael Tudares Bracho en la sede del Arzobispado de Caracas, utilizando la fuerza moral del recinto religioso para lograr que la hija del genuino primer mandatario nacional convenciera a su padre de dimitir y de esa forma lograr que su cónyuge saliera en libertad. Todo ese complot de personajes inmorales solo lo que hace es comprobar la autenticidad del mandato de Edmundo GonzálezUrrutia.
¿Las democracias del mundo, incluyendo a la primera potencia de la tierra, le harán el juego a la dictadura? ¿Auspiciarán que la confabulación ejecutada por los totalitarios al secuestrar la voluntad de un pueblo se lleve a efecto siguiendo en el poder Delcy Rodríguez? Que siga gobernando es la convalidación del fraude, así de sencillo. Es humillar a millones de ciudadanos que derrotaron a la tiranía a través del sufragio. Para poder enderezar el grave entuerto, primero se tiene que reconocer el resultado electoral. De lo contrario, se pondrán del lado de los profanadores de la voluntad popular, cumpliéndoles el deseo de sepultar la verdad. Seguramente la respuesta que ofrecerán es que todo cambió con lo acaecido en Venezuela el tres de enero. Si esa es la argumentación, estamos arrebatándole a la democracia su valor decisorio.
Dejando las elucubraciones y sumándonos al pragmatismo de la actualidad, tenemos que decir que, en correspondencia con la realidad, es que una verdadera transición tiene que ser el camino hacia una indiscutible democracia. Si la solución es un nuevo proceso electoral, aunque sostenemos con hidalguía la victoria del 28 de julio, tiene que hacerse con plenas garantías. Con un nuevo CNE donde la honorabilidad de sus miembros sea la norma. La escogencia de un equipo técnico altamente calificado, de probadas cualidades profesionales, contratado en los principales centros electorales internacionales para que revise todo el proceso electrónico desde que se ejerce el voto hasta la sala de totalización. Comenzando por el software con especial énfasis en la línea de transmisión. Un registro electoral actualizado en donde sean excluidos los fallecidos, los cubanos, iraníes, guerrilleros colombianos, agentes del terrorismo internacional, carteles de la droga, los doble cedulados, etc. Que se permita que puedan ejercer el sufragio los venezolanos en el exterior abriendo la inscripción en embajadas y consulados en sus áreas de influencia sin recurrir a la alevosa práctica de migrarlos a zonas muy distantes. La habilitación de todos los actores políticos para que puedan participar con plenas garantías. Que se les devuelvan los símbolos a las legítimas autoridades partidistas. La inscripción de los nuevos electores y cambios de residencia sin mudarlos arbitrariamente de sus centros de origen. Una campaña proselitista sin el obsceno ventajismo electoral tradicional de la dictadura. Que se tenga un equipo especializado para evitar que el narcotráfico trate de lavar dinero utilizando el financiamiento de actores en los comicios. Con la observancia internacional de la comunidad europea, la ONU, la OEA, el Centro Carter. Solo con estas consideraciones y otras del ámbito meramente electoral se podría ir a unas elecciones.
Gracias a Dios contamos para atravesar este campo minado con la valentía de María Corina Machado. Su presencia en el escenario internacional es una garantía para los venezolanos. Su lealtad con los sueños de todos es una palanca para el futuro. Lo que deseamos es que muy pronto cerremos cívicamente este episodio criminal del socialismo.
En esta coyuntura histórica, Venezuela encontró en el abrevadero democrático a dos seres que se complementan en el devenir de la libertad en el entusiasta flamear de sus banderas al vuelo. La honorabilidad de Edmundo González con el espíritu irreverente de María Corina; con ellos avanzamos hasta la conquista definitiva.
@alecambero
Leave a Reply