
Alfredo Rangel
En Venezuela, el tiempo corre en favor de la dictadura y en contra de la democracia.
La intervención de Trump en Venezuela seguirá dando de qué hablar, incluso después de que se sepa su resultado final, que aún es impredecible. Porque hoy por hoy existen dos opciones abiertas, sin que se pueda tener certeza de cuál de ellas prevalecerá.
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La primera es que Trump, siguiendo estricta y estrechamente su principio rector, “América Primero”, decida, que para no arriesgarse a una eventual desestabilización política en Venezuela, resuelva que es suficiente con que el actual régimen de facto les garantice a las empresas norteamericanas un acceso amplio y seguro a los recursos petroleros venezolanos, además de cierta transparencia y racionalidad en la administración pública, tecnocracia y estabilidad económica, liberación de algunos presos políticos y cese de los excesos represivos contra la oposición.
La segunda, deseada por la oposición democrática y por la mayoría de los venezolanos, pero llena de riesgos de desestabilización y violencia, es un rumbo decidido y pronto hacia un desmantelamiento gradual pero firme del régimen chavista. En primer lugar, el desmantelamiento de los órganos represivos y criminales del régimen, como los colectivos paramilitares; la purga a fondo de la policía política, de los organismos de inteligencia y de la cúpula militar y el exilio, el encarcelamiento o la baja, en función de su respuesta individual ante el cambio de régimen, de los elementos más visibles e influyentes de ese aparato represivo y criminal.
En segundo lugar, la liberación inmediata de todos los presos políticos. En tercer lugar, la salida del Gobierno de los personajes más radicales y representativos del chavismo hirsuto. En cuarto lugar, la liberación de los medios de comunicación, devolviendo o autorizando a sus antiguos dueños los medios expropiados o cerrados por el régimen. Y en quinto lugar, convocar con fecha fija a nuevas elecciones, con garantías de libertad, seguridad y transparencia, asegurando el retorno protegido de toda la oposición en el exilio.
Si la actual etapa de “estabilización” de la situación es demasiado prolongada y tímida, podría provocar más un reacomodamiento de la dictadura a la tutoría gringa que su caída y su relevo democrático.
La fácil es la primera: sacar al dictador y mantener la dictadura. Mantener en la cúpula del Estado a una figura aborrecible del chavismo, adoptando para ello la actitud pragmática de Franklin D. Roosevelt, quien refiriéndose en su momento al tirano Somoza decía: “Puede ser un hp, pero es nuestro hp”. Trump podría dejar pasar el resto del tiempo de su gobierno “estabilizando” la situación, evitando complicaciones políticas y de seguridad que podrían tener un alto costo en la política interna de Estados Unidos, donde ya buena parte de la población le pide que se ocupe más de los problemas internos que de los ajenos.
Quien dentro de la administración Trump estaría más interesado en la segunda opción es, sin lugar a dudas, Marco Rubio. Su visión, a diferencia de Trump, es mucho más estratégica que estrechamente comercial, podría ver el fin de la dictadura chavista venezolana como un paso previo indispensable para propiciar le caída de la dictadura castrista en Cuba, sueño dorado del actual Secretario de Estado de ascendencia cubana, y también de todos los verdaderos demócratas del mundo.
En Venezuela, el tiempo corre en favor de la dictadura y en contra de la democracia. Si la actual etapa de “estabilización” de la situación es demasiado prolongada y tímida, podría provocar más un reacomodamiento de la dictadura a la tutoría gringa que su caída y su relevo democrático. Hay líderes chavistas demasiado astutos que estarían buscando precisamente esto, como los hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello, a quienes habría que sacar muy pronto del juego.
Hay una fecha y un acontecimiento que este año podrían condicionar las decisiones de Trump respecto a la situación venezolana: en noviembre son las elecciones de mitad de mandato en EE. UU. En vista de ellas y de sus consecuencias para el resto de su gobierno, Trump podría aplicar el acelerador o pisar el freno en la transición democrática de Venezuela. Las consecuencias podrían ser promisorias o fatales. Así estamos.
22.01.2026
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