El problema ya no es el decreto: es la Corte

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El problema ya no es el decreto: es la Corte

Martin Eduardo Botero*                                                                                           

“El problema ya no es el decreto: es la Corte

El país no está observando un debate jurídico sofisticado.

Está viendo otra cosa:

•magistrados hablando en tiempos distintos,

•decisiones parciales antes del fallo,

•filtraciones mediáticas,

•y ahora, medidas cautelares que anticipan escenarios sin un pronunciamiento integral.

Eso no fortalece el control constitucional.

Lo debilita.

Cuando la Corte actúa como un conjunto de voces individuales y no como órgano colegiado, el mensaje que transmite no es independencia, sino desorden.

Las emergencias constitucionales exigen lo contrario de lo que hoy se percibe:

•templanza,

•reserva,

•coherencia,

•autoridad moral.

Lo que se está proyectando, en cambio, es una Corte:

•reactiva,

•expuesta,

•presionada por el calendario político,

•y condicionada por la proximidad del final del mandato presidencial.

Eso explica la sensación de “circo” que percibe la ciudadanía: no porque el Derecho sea un espectáculo, sino porque las formas se han perdido.

El mayor perjuicio no es para el gobierno ni para la oposición.

Es para el sistema constitucional.

Una Corte que:

•se inhibe,

•se fragmenta,

•suspende parcialmente,

•y delibera en público,

pierde el único capital que no puede recuperar fácilmente: la confianza social en su imparcialidad y autoridad.

Y sin esa confianza, incluso una buena sentencia llega debilitada.

Amén” (Enero 23)

———–

“La Corte llegó tarde a lo obvio

La Corte Constitucional necesitó 86 páginas, semanas de tensión y una crisis interna para descubrir lo que un estudiante de primer año de Derecho ya sabía: la emergencia económica no puede usarse para imponer impuestos sin pasar por el Congreso.

El magistrado Carlos Camargo tiene razón al pedir la suspensión del decreto.

Pero la razón llegó tarde.

Mientras la Corte dudaba, hablaba en público, se inhibía y se fragmentaba, el decreto ya producía efectos. La suspensión provisional no es audacia constitucional: es corrección tardía.

El problema ya no es el gobierno de Gustavo Petro —todo Ejecutivo estira la cuerda—.

El problema es una Corte que corre detrás de los hechos y presenta como excepcional lo que era previsible desde el día uno.

Cuando la justicia constitucional necesita explicarse tanto para decir lo evidente, algo se ha roto.

Y cuando el árbitro llega tarde, el daño ya está hecho.

El país no necesitaba 86 páginas.

Necesitaba una Corte a tiempo.

Amen” (Enero 24)

* Publicados en su cuenta de X (@boteroitaly)

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