Antonio Gramsci triunfó

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Antonio Gramsci triunfó

Iván Tabares Marín                                                                                        

Desde el campesino más humilde hasta el exguerrillero Gustavo Petro consideran que la política es una lucha de clases, de pobres contra ricos, y no se han enterado de cómo la lucha por la toma de los medios de producción cambió a mediados del siglo pasado –cuando el comunismo fracasaba en China, Rusia y el este de Europa— gracias a las teorías del líder comunista italiano, Antonio Gramsci (1891 – 1937).

Mientras estuvo detenido durante once años en las cárceles de Mussolini hasta su muerte, redactó sus Cuadernos de la cárcel para mostrar que Marx y Lenin se equivocaron porque la base del poder de las democracias no reside en la economía, sino en la cultura, las instituciones y el sistema educativo. La genialidad se Gramsci es evidente porque se adelantó a grandes filósofos, como Michel Foucault y Gilles Deleuze, quienes plantearían que el poder reside en el lenguaje, y que la palabra nos da las identidades que generan un nexo o la pertenencia a un grupo. La ideología religiosa no se enseña, nos obligan a creer en ella; lo mismo pasa con la democracia, la nacionalidad y el marxismo, etc. Si los niños y jóvenes se adoctrinan con la ideología mamerta, la aprenderán como si fuera verdad o sentido común. Un ejemplo es Iván Cepeda, llevado por sus padres desde la infancia a ser maleducado en países comunistas.

Para comprender mejor el contraste entre Lenin y Gramsci veamos el plan del primero, según el filósofo ingles Roger Scruton (1944 – 2020): 1. Control total de gobierno. Como sucede hoy en Venezuela, Nicaragua y México donde gobiernos de izquierda manejan lo tres órganos del poder: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Y es lo que intenta el exguerrillero en Colombia pagando mucho dinero del erario. 2. Economía centralizada, que también busca Gustavo Petro, como hemos visto en el manejo de las pensiones y el sistema de salud. 3. Eliminación física de los opositores y ya empezaron con Miguel Uribe Turbay.

Estas son las fases de la estrategia gramsciana: 1. Guerra de posiciones: infiltrar gradualmente todas las instituciones culturales; colocar profesores de izquierda en universidades, periodistas progresistas en medios de comunicación, artistas revolucionarios en museos, activistas en ONG y burócratas en el ministerio de Educación. 2. Construcción de hegemonía. Haz que las ideas marxistas parezcan sentido común; no llames lucha de clases a tus conceptos, llámalos justicia social; no hables de dictadura del proletariado, habla de inclusión y de equidad social; transforma el lenguaje revolucionario en lenguaje aceptable. Fase 3. Colapso espontáneo. Cuando la cultura ya esté dominada, las instituciones tradicionales —religión, familia, patriotismo, propiedad privada— pierden legitimidad, la gente deja de defenderlas porque ya no las considera valiosas.

Entonces, el cambio político ocurre casi sin resistencia. Gramsci nunca vio su estrategia funcionando: murió en 1937. Pero sesenta años después, Roger Scruton encontró universidades inglesas y norteamericanas dominados por el marxismo cultural. Nota: El párrafo sobre la estrategia de Gramsci es una transcripción de las investigaciones de Scruton que se pueden encontrar en YouTube

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