
Iván Tabares Marín
Una de las estrategias de la organización criminal izquierdista, cuando toma el poder en cualquier país, consiste es tipificar como delitos graves el odio y la traición a la patria con el fin de utilizarlos para perseguir a sus adversarios. En Venezuela, por ejemplo, millares de ciudadanos han terminado torturados y en la cárcel de esa forma. Hace pocos meses, la prensa colombiana informó del proyecto de ley suscrito por el peligroso Iván Cepeda para introducir en nuestro Código Penal el delito de Odio.
El exguerrillero del Movimiento de Renovación Socialista y hoy ministro del Trabajo, Antonio Sanguino (¡qué apellido tan elocuente!), ha decidido denunciar penalmente a los congresistas que hayan manifestado sus simpatías por la intervención del gobierno norteamericano en la detención del criminal Nicolás Maduro y por expresar su deseo de que lo mismo le suceda a Gustavo Petro por su favorecimiento al narcotráfico y por su colaboración con Maduro, las guerrillas, campesinos cocaleros y los movimientos terroristas musulmanes.
“Vivimos en una época de cinismo”, escribe el filósofo Slavoj Zizek en su texto El coraje de la desesperanza, al referirse al criminal detenido en flagrancia y que “de repente se pone a hablar como si fuera un asistente social, un sociólogo, un abogado o un psicólogo” para justificar sus fechorías. Sanguino estudió sociología y fue adoctrinado en la ideología marxista en un colegio colombiano, según Wikipedia. Gustavo Petro estudió economía en la Universidad del Externado, pero para destruirla. Un gobierno de cínicos.
Para utilizar esos tipos penales absurdos que les permitan a los mamertos llevar a todos los uribistas y opositores a la cárcel o a la desaparición forzada, necesitan el control del Congreso y del sistema penal, como lo han hecho en Cuba, México, Nicaragua y Venezuela, pero no pudieron en Chile, Perú, Ecuador ni en Bolivia.
Al Congreso lo compran gracias a que los partidos tradicionales son tan corruptos como la izquierda; las alta cortes ya las tienen cooptadas porque están llenas de mamertos, como lo denunció el jurista Santiago Ronderos en su excelente columna en la revista Semana virtual del pasado 31 de diciembre.
Usted puede odiar a otro y desear de todo corazón su muerte, pero por eso nunca incurrirá en un delito en una democracia mientras no haga nada por asesinarlo. Usted puede odiar y desear la caída de un régimen, criminal o no, pero un Congreso democrático y no venal nunca tipificará ese delito y ningún juez honesto condenará a un ciudadano por esa conducta.
Antonio Sanguino seguirá respaldando todas las estupideces y abusos del aspirante a dictador porque eso le permitirá recibir un salario enorme, que de otra manera nunca obtendría. Y eso vale para todos los funcionarios que respaldan a un enfermo mental grave que está llevando a Colombia a una crisis económica, humanitaria, jurídica y social sin precedentes.
Como dice Javier Milei, “a los zurdos no se les puede dar un milímetro de ventaja” porque acabarán con la Nación mientras ellos se enriquecen y se encubren mutuamente.
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