
Alexander Cambero
La política tiene sus propios códigos. Muchas veces nada es lo que parece. Su narrativa tiene peculiaridades que otras ramas del quehacer social carecen.
Todo esto viene a colación con respecto a lo expresado por el presidente norteamericano Donald Trump, haciendo referencia específicamente a María Corina Machado. En las primeras de cambio suena como que ella no cuenta con la anuencia de Washington. Que exploraron con Delcy Rodríguez la posibilidad de una transición como una opción para la coexistencia política, buscándole una salida al entuerto.
¿Qué trató de hacer Estados Unidos proponiéndola?
Creemos firmemente que alimentaba la idea de que dentro del gobierno ilegítimo se desataran los demonios. Que las aspiraciones internas crearan un clima de salvajismo animal capaz de lograr que se liquiden a dentelladas sin que la administración Trump utilice un misil. Tienen tanta ambición al ver que la corona rodó hasta una cárcel de los Estados Unidos que todos van por la silla del continuismo sin importarles con quién pactar. Y más cuando han deslizado la especie de la traición que sufrió el defenestrado para ser ubicado gracias a la cooperación de gente cercana. Todo el mundo sospecha del otro y anda pensando en su supervivencia. Es allí donde el anzuelo gringo es lanzado en el mar difuso con la carnada de la captura de Nicolás Maduro como señuelo ideal.
¿Qué mostró su detención?
Que Estados Unidos posee la capacidad militar, logística y tecnológica de lograr cualquier cosa que se les ocurra sin tener la mayor resistencia. No hubo ninguna nación que le metiera el hombro a la revolución, más allá de declaraciones enclenques. El respeto que infunde hace que las naciones rivales retrocedan por temor a represalias. La cúpula roja sabe que no tiene escapatoria ante Estados Unidos. Washington le muestra la zanahoria política de una salida negociada o el garrote que exhiben en todo su esplendor en el Caribe con sus prototipos de alta gama. Para ellos no hay una tercera vía. Aquí no cabe la heroicidad cinematográfica; su realidad es sucumbir más temprano que tarde. A Delcy Rodríguez le dieron la oportunidad de elegir para cuidar las formas e impedir un derramamiento de sangre que será un sacrificio inútil con un final cantado. Que ella se encargara de amarrar a los desatados. La administración estadounidense quiere que salgan del poder en paz. Que no se vean en la foto de Nicolás Maduro descendiendo por las escalerillas de un avión en el atardecer neoyorkino con los pies encadenados. Que todas sus vidas de esplendor sean reducidas dramáticamente a un cuarto con rejas y un uniforme naranja no precisamente de marca. Todavía tienen la oportunidad de cooperar con una salida negociada.
¿Qué ocurrió con María Corina?
Donald Trump sabe de sobra del liderazgo de ella, conoce sus alcances y profundidades.Que junto a Edmundo González lograron obtener una victoria clamorosa que fue robada por el gobierno usurpador basándose en los principios básicos de una tiranía. Que goza de una respetabilidad universal. De primera mano tiene información sobre la preparación académica y lauros personales que la convierten en una mujer sumamente inteligente, capaz de dirigir en cualquier escenario del planeta los más enrevesados proyectos. La pregunta obvia sería:
¿Por qué entonces no la respaldó vigorosamente para que haga gobierno junto a Edmundo González?
Sencillamente para protegerla. Ellos no quieren que sea vista como alguien que funciona como una marioneta que manejan desde la Casablanca a su real antojo. Tienen la experticia en sus manos de los episodios de sus imposiciones que terminaron trayéndoles más de un dolor de cabeza, como ocurrió en Centroamérica con el resultado de miles de muertos y desaparecidos. Además, estamos hablando de una Premio Nobel de la Paz. Es decir, una figura con un estatus universal. El tratamiento debe ser distinto; aunque parezca odioso, el desdén de Trump para con la guerrera, en el fondo, es salvaguardarla. Estados Unidos sabe que cualquier decisión pasa por ella. Que después de la transición que plantean, María Corina será protagonista estelarísima. Que, de repetirse los comicios, los ganaría de manera abrumadora. Todo el juego pasa por las manos de María Corina. Con la posición de Trump se muestra que María Corina no necesita de andar detrás del primer mandatario norteamericano para lograr sus objetivos. Que piensa por cabeza propia, sin responder a un dictado de otro. En realidad, eso es María Corina una luchadora que jamás le han gustado las imposiciones así las mismas le favorezcan. Al llegar al gobierno nadie podrá tacharla de títere. Y más cuando está planteada una transición con Estados Unidos como ductor. Otro elemento a considerar es el papel del Secretario de Estado Marcos Rubio en la transición. Este líder de raíces cubanas es un gran aliado de la causa democrática venezolana. Ha sido el gran estratega en el apoyo mundial que ha obtenido la denuncia del gran fraude electoral contra Edmundo González y María Corina.
¿Acaso Rubio habla por su cuenta?
Amén de un pensamiento autónomo que viene desde su lucha como congresista de Florida. Sus postulados firmes en defensa de la victoria del 28 de julio son por la directriz de su gobierno presidido por Donald Trump y del cual es la tercera figura más importante. Es claro entonces manifestar que todo marcha según lo previsto. Lo que se requiere es coherencia y foco en el objetivo. El desespero cunde en la otra orilla; vivimos tiempos de cambio.
@alecambero
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