
Carolina Restrepo Cañavera*
“Así es como el pobrecismo tiene engañado a su famoso “pueblo”: hablan sin saber de qué hablan. Llaman “justicia fiscal” a cualquier cosa, confunden fiscalidad con lo que se les ocurra y ahora inventan una “deuda a los ricos”. ¿Cuál deuda a los ricos? ¿Qué les han dado? La deuda pública la toma el Estado y los intereses los cobran los tenedores de los títulos, principalmente fondos de pensiones, aseguradoras y ahorradores. Este trino es un ejemplo perfecto de ese engaño y de esa lucha de clases entre ricos y pobres que el pobrecismo necesita, porque si no, fracasa.
Perder una votación no es un cataclismo; es democracia. Lo inconstitucional sería intentar “arreglarla” con una emergencia para sustituir al Congreso. La emergencia económica exige un hecho extraordinario, imprevisible y ajeno al Gobierno, y medidas necesarias, temporales y con conexidad estricta. “No me aprobaron la reforma” no cumple ninguno.
Tampoco es cierto que “la deuda les regaló algo a los ricos”. La tasa que hoy paga Colombia refleja el riesgo que el propio Gobierno ha aumentado con improvisación fiscal y baja ejecución, no una conspiración del Congreso. Los intereses los paga toda la sociedad porque así se financia el Estado: cuanto peor gestionan, más caro sale.
Justicia fiscal no es tributar por decreto; es recaudar bien lo ya existente, ejecutar lo aprobado, priorizar el gasto, recortar grasa y respetar la regla fiscal. Emergencia no es un atajo para rehacer una mala reforma. Si lo intentan, la Corte Constitucional la tumba.” (Diciembre 9)
(Cita de Carlos Alberto Mejía, @chefcarlos4x4, de diciembre 9: “En respuesta a @carorestrepocan
Perder una votación no es un cataclismo, es democracia.
El verdadero riesgo no es la Constitución, es un Congreso que protege privilegios y hunde la justicia fiscal.
La emergencia no es un atajo: la urgencia es que los ricos devuelvan lo que la deuda les regaló.
#DatoMataRelato”)
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“Y ahora… la amenaza del gobierno. Se van a volver a quedar viendo un chispearlo.
No entendieron… ORDEN Y MÉTODO.
Lo que acaba de pasar no es un “hecho sobreviniente”. Es el trámite democrático funcionando. Perder una votación en las comisiones económicas no es un meteorito ni una pandemia; es un riesgo conocido del proceso legislativo. Pretender declarar emergencia económica porque el Congreso hundió una mala reforma es, además de antitécnico, abiertamente inconstitucional.
La Constitución solo admite estados de excepción ante hechos extraordinarios, imprevisibles y ajenos al Gobierno, con afectación grave e inminente y sin que existan medios ordinarios suficientes. Derrota parlamentaria y baja ejecución no cumplen esos requisitos. La jurisprudencia ha sido clara: los estados de excepción no son un atajo para corregir derrotas políticas, ni un camino para sustituir al Congreso.
Tampoco puede usarse una emergencia para rehacer por decreto una reforma tributaria. Los decretos de excepción deben ser estrictamente necesarios, temporales y con conexidad directa con el hecho que los causa. Crear o rediseñar tributos permanentes, mover la línea base del gasto o “recalibrar” todo el plan fiscal por fuera del debate democrático sería un fraude a la Constitución. Si el problema es de caja, el camino es ordinario: priorización del gasto, recortes, ejecución real de apropiaciones, gestión de deuda, mejora del recaudo y disciplina fiscal. Gobernar es planear, ejecutar y persuadir, no pedir superpoderes porque faltaron votos.
Que no vengan ahora con el formato pobrecista para vender pánico: cuando se intenta saltar al Congreso “por los pobres”, los pobres terminan pagando con más incertidumbre, menos inversión y más inflación. La Constitución no es un comodín para la ansiedad gubernamental ni un salvavidas para reformas improvisadas.
Si insisten en forzar una emergencia para sustituir al legislador, la Corte Constitucional la tumba. Y hará bien. Porque aquí no hay un cataclismo sobreviniente: hay un Gobierno que quiere chequera sin debate.” (Diciembre 9)
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“Se hundió la Ley, no el país.
Lo que pone en riesgo los bonos y los intereses no es que el Congreso le diga “no” a una mala reforma, sino que el Gobierno insista en presentar improvisaciones fiscales sin rigor ni respaldo técnico.
La economía no se quiebra porque una mayoría con criterio vote con el cerebro. Se quiebra cuando una minoría oficialista vota por obedecer.
Y si lo que les preocupa es la deuda, empiecen por ejecutar lo que ya tienen. Porque ni recaudan, ni cobran, ni gastan. Solo acumulan como ardillas… pero para la campaña.” (Diciembre 9)
(Cita de Armando Benedetti, @AABenedetti, de diciembre 9: “Ley de Financiamiento hundida es igual a bonos y riesgo alto y falta de capacidad para pagar la deuda externa, igual a crisis, más crisis más crisis económica. Y entonces la política social del Gobierno se verá afectada por los intereses tan altos de la deuda. Y todo porque un…”)
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“Senadora Pizarro: ¿quiere hablar de tasas efectivas y OCDE? Hablemos en serio, no en eslóganes.
Colombia no tiene tasas efectivas “de un dígito” en rentas de capital.
Eso es simplemente falso. Las rentas de capital (dividendos, intereses, arrendamientos) ya están gravadas con múltiples capas de tributación, entre otras :
•Impuesto de renta
•Impuesto a los dividendos
•Patrimonio
•Sobretasas sectoriales
Todo esto, además, sobre una base ya reducida por inflación, devaluación y costos no reconocidos. En la práctica, muchos contribuyentes enfrentan cargas superiores al 35–40% reales. Pero claro: es más útil repetir que “apenas tributan un dígito” sin mostrar el cálculo.
Comparar con la OCDE sin mencionar la informalidad es manipulación.
En Colombia, más del 60% del empleo es informal. Eso significa que el sistema fiscal descansa sobre una minoría de personas y empresas formales que sí pagan. La “tasa promedio OCDE” se aplica en economías donde el 90% del aparato productivo tributa. Acá, ustedes siguen exprimiendo al mismo 10% porque no tienen capacidad ni voluntad para formalizar ni gastar mejor.
Hablan de cerrar brechas mientras abren huecos fiscales.
¿Ley de financiamiento para cerrar brechas? ¿En serio?
Si el gasto social tuviera eficiencia, ejecución y focalización, podríamos hablar. Pero este gobierno ha sido campeón en recaudar… y pésimo en ejecutar. La plata no se pierde en la tasa de tributación, senadora. Se pierde en la politiquería, los contratos amañados, la ineficiencia y la falta total de gerencia.
Y claro, el remate populista: “legislar por la gente, no por los grandes financiadores”.
Traducción: hay que castigar al que produce, al que invierte y al que formaliza. Como si el empresario que paga impuestos fuera el enemigo del pueblo. Ese es el viejo truco del pobrecismo ilustrado: pintar a los generadores de riqueza como villanos y usar esa caricatura para justificar otro sablazo tributario.
Senadora: lo que usted propone no es justicia fiscal.
Es populismo de galería con cifras infladas y verdades a medias.
Legislar por la gente empieza por no mentirle a la gente. Y usted lo acaba de hacer, en cadena nacional, versión tuit.” (Diciembre 9)
(Cita de María José Pizarro Rodríguez, @PizarroMariaJo, de diciembre 9: “Colombia debe aprobar la Ley de Financiamiento si queremos seguir cerrando brechas y avanzar hacia el progreso de la nación.
En países de la OCDE, los impuestos a las utilidades empresariales de los grandes patrimonios rondan el 40%, mientras que en Colombia la tasa efectiva a…”)
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“Esta es la muestra de cómo engaña el pobrecismo a la gente.
Le venden a la gente la idea de que “pobrecito el gobierno Petro, lo dejaron empeñado con $360 billones de deuda en 4 años”, cifra por supuesto sin sustentar, sacada de un sombrero, pero suena inmensa, como si la deuda fuera un invento de Duque contra Petro y no una política de Estado acumulada por todos los gobiernos.
Esos “$360 billones” hubiera que pagarlos “de un solo golpe” y no como parte de un calendario normal de amortizaciones, refinanciaciones e intereses que siempre existe en cualquier gobierno.
Sí, la deuda está en “máximos históricos”… en pesos nominales. Como todo: el PIB, el presupuesto, los salarios, el precio del pan. Con inflación y crecimiento, todos los gobiernos reciben la deuda en “máximos históricos” en pesos. Lo serio no es el número bruto, sino la relación deuda/PIB, el déficit y la capacidad de pago. Eso jamás se lo explican al ciudadano, porque el cuento dramático del “país empeñado” sirve mejor para justificar más impuestos.
Además, Petro sabía perfectamente qué nivel de deuda recibía cuando hizo campaña. No se enteró por sorpresa en agosto de 2022. Si hoy dice que “no se va a pagar sola” para vender la idea de que no tiene alternativa distinta a clavar una y otra vez al mismo contribuyente, está usando la deuda heredada como excusa para tapar su propia improvisación fiscal, su ruptura de la regla fiscal y su incapacidad de recortar gasto ineficiente.
Desde que empezó el gobierno Petro la deuda ha aumentado en $317 billones, y el nivel actual es casi 40% superior al que dejó Duque, incluso con pandemia.
Ese es el truco del pobrecismo fiscal: primero te dicen que el país está quebrado por culpa de “los de antes”, luego te muestran un numerote en billones sin contexto, y finalmente concluyen que la única salida es otra reforma “para que paguen los ricos”, mientras el Estado sigue gastando mal, ejecutando poco y contratando igual o peor.
No es pedagogía económica. Es manipulación emocional con cifras. Y sí: así es como el pobrecismo engaña a la gente.” (Diciembre 9)
(Cita de mario_henao, @Mariohenaoz, de diciembre 9: “En respuesta a @carorestrepocan
Parece que olvidó que el gobierno Duke y los anteriores dejaron el gobierno Petro empeñado y debe pagar $360 billones de deuda en 4 años según minhacienda..
El gobierno de Petro recibió la deuda en MÁXIMOS HISTÓRICOS y no se va pagar sola”)
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“Senadora, el problema de Colombia no es que “los ricos no paguen impuestos”. El problema es que ustedes ya no saben de dónde más sacar plata para alimentar un Estado que gasta mal, ejecuta poco y se acostumbró a tramitar una nueva ley de financiamiento casi cada año, como si la estabilidad tributaria fuera un lujo y no una obligación constitucional. Eso no es “justicia tributaria”: es evidencia de improvisación fiscal crónica.
La progresividad ya existe en Colombia: renta, patrimonio, dividendos y hasta algunos impuestos al consumo ya castigan proporcionalmente más a quien más tiene. Lo que no existe es un aparato estatal mínimamente serio para gastar bien, evaluar el costo-beneficio de cada beneficio tributario, cerrar de verdad los huecos de la evasión grande y dejar de perseguir al contribuyente cumplido porque es el único fácil de exprimir. Es más cómodo repetir el mantra de “que paguen los ricos” que entrarle a fondo a la ineficiencia, la corrupción y el despilfarro.
Su cuadrito azul es marketing político, no análisis tributario. Decir que “no toca el bolsillo de los ciudadanos comunes” es, como mínimo, irresponsable: cualquier reforma mal diseñada termina en precios, empleo y caída de inversión. La retórica suena heroica cuando se habla de “megaricos que evaden”, pero cuando se paran los proyectos, se encarece el crédito y se reduce la contratación, el golpe no lo sufre el mega-rico de caricatura sino la clase media que vive de su salario y las empresas que hacen esfuerzos por mantenerse formales.
Y siguen atrapados en el mismo formato pobrecista de manual: dividir el país entre “ricos malos y pobres buenos”, como si la economía fuera una guerra de castas y no un sistema que necesita inversión, productividad y reglas claras para generar empleo formal. Ese pobrecismo fiscal les sirve para agitar banderas y ganar aplausos fáciles, pero no resuelve un solo problema estructural: ni el déficit, ni la informalidad, ni la pésima calidad del gasto público.
En vez de reconocer que el Estado recauda cada vez más y, aun así, no logra que la plata alcance porque se la comen la politiquería, los contratos amañados y la ineficiencia, ustedes prefieren vender la ilusión de que todo se arregla “cobrándoles por fin a los ricos que evaden”. La realidad es otra: si cada gobierno necesita su propia ley de financiamiento para medio cuadrar las cuentas, es porque el modelo de gasto está roto. Lo que ustedes llaman “progresividad según la Constitución” es, en la práctica, populismo fiscal para seguir ordeñando a los mismos de siempre, mientras el Estado se niega a mirarse al espejo.” (Diciembre 9)
(Cita de Aída Avella senadora de Colombia, @AidaAvellaE, de diciembre 9: “La ley de financiamiento promueve el pago justo de impuestos a los ricos que hoy evaden. Es la progresividad de los impuestos según la Constitución Nacional. El que tiene más pague más.”)
9:48 a. m. · 9 dic. 2025
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* Publicados en su cuenta de X (@carorestrepocan).
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