
Ernesto Macías Tovar
La democracia no puede quedar rehén ni del terrorismo ni de un gobierno que renuncia a defenderla.
Por décadas, los grupos ilegales –convertidos en narcotraficantes– han intentado sabotear los procesos electorales en mayor o menor escala. Frente a ello, los gobiernos respondieron con el respaldo firme de la Fuerza Pública, garantizando jornadas lo más tranquilas y seguras posible. Sin embargo, hasta hace cuatro años nadie habría imaginado que el mayor riesgo para la democracia surgiría desde la propia Casa de Nariño. Lo que hoy vive Colombia es exactamente eso: un Poder Ejecutivo que, por acción u omisión, obstaculiza la posibilidad de unas elecciones en paz.
Comenzando porque, desde su llegada al poder, Gustavo Petro ha lanzado una serie de propuestas, insinuaciones y amenazas orientadas a reformar la Constitución. Tales anuncios, aunque inviables todos, han alimentado un clima de zozobra institucional, obligando a la oposición y a los generadores de opinión a bajar la tensión para evitar que ese ambiente de incertidumbre termine por erosionar la confianza ciudadana.
A esta inestabilidad se suma una estrategia reiterada de Petro: sembrar dudas infundadas sobre la idoneidad de la Registraduría en distintos frentes. Recientemente, la autoridad electoral tuvo que desmentirlo luego de que insinuara una supuesta injerencia de Estados Unidos en el ‘software’ electoral. Un señalamiento absurdo que no solo carece de sustento, sino que mina la credibilidad del sistema y prepara el terreno para deslegitimar los resultados.
Pero el riesgo más grave es real y palpable: el recrudecimiento acelerado de la violencia en amplias zonas del país. El debilitamiento intencionado de la Fuerza Pública, sumado a los enfrentamientos entre grupos criminales por el control del narcotráfico, ha provocado masacres, confinamientos y desplazamientos. Miles de familias no podrán regresar a sus territorios y, por ende, tampoco ejercer su derecho al voto, porque el Estado –o mejor, el Gobierno– no está garantizando las condiciones mínimas de seguridad.
Surge entonces la pregunta inevitable: ¿quién puede asegurar que los ciudadanos acudirán a las urnas en regiones como el Catatumbo, Cauca, Nariño, Chocó, norte de Antioquia, Arauca, sur de Bolívar, Vaupés, Guaviare, Caquetá, Putumayo o sur del Valle? Son territorios hoy afectados por la acción simultánea del Eln, las Farc, el ‘clan del Golfo’, el ‘Tren de Aragua’ y la influencia criminal del cartel de los Soles en la frontera venezolana.
La Defensoría del Pueblo advirtió recientemente que 21 municipios del Magdalena, La Guajira y Cesar también enfrentan el máximo riesgo electoral debido a la confrontación entre el ‘clan del Golfo’ y las llamadas Autodefensas de la Sierra Nevada. Emitió una alerta para frenar la escalada de homicidios, secuestros, extorsiones y reclutamiento de menores.
En esas zonas se han registrado confinamientos, desplazamientos forzados y la instalación de artefactos explosivos en caminos utilizados por comunidades indígenas, campesinos, afrodescendientes y pescadores.
Miles de familias no podrán regresar a sus territorios. Por ende, tampoco ejercer su derecho al voto, porque el Estado –o mejor, el Gobierno– no está garantizando las condiciones mínimas de seguridad
La situación es tan grave como desesperanzadora. Si durante tres años Petro ha sometido a la Fuerza Pública a un debilitamiento sistemático y ha sido permisivo con el crecimiento de los grupos criminales, los cuales han logrado una expansión histórica, no existe razón alguna para creer que en cuatro meses logrará contenerlos y evitar que el país viva unas elecciones bajo fuego.
Con toda razón, el Registrador acude a los medios no solo para advertir la magnitud del riesgo, sino para exigir que el Gobierno cumpla su deber elemental: garantizar la seguridad en todo el territorio nacional. Si ello no ocurre, el fracaso –así sea parcial– será atribuible a la negligencia deliberada y persistente de Petro. La democracia no puede quedar rehén ni del terrorismo ni de un gobierno que renuncia a defenderla.
ERNESTO MACÍAS TOVAR
En X: @ernestomaciast
08.12.2025
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