
Alfredo Rangel
No sabemos hasta dónde y en qué niveles llegue la infiltración de las bandas criminales en la administración actual del Estado.
La infiltración en las instituciones del Estado encargadas de la seguridad es algo que buscan hacer las bandas criminales de manera permanente para favorecer sus actividades ilegales. Eso es una cosa. Pero otra cosa muy distinta es que quienes en un momento dado detentan el poder del Estado sean los que propicien y dirijan esa infiltración para lograr sus propios objetivos políticos, siendo el primero de ellos consolidarse y permanecer en el poder, impidiendo que sus adversarios los desalojen del Gobierno.
Tan frecuentes son los intentos de infiltración en el Estado de los grupos criminales, que todos los Estados tienen dentro de sus estructuras de seguridad unos organismos llamados de contrainteligencia, cuya labor no es otra que prevenir, detectar y neutralizar esos intentos de infiltración. Pero el Estado y la misma sociedad quedan absolutamente indefensos ante las amenazas de las bandas criminales cuando son los propios agentes del Estado los que planean, promueven y dirigen esa infiltración. Es lo que podríamos llamar infiltración por invitación.
A estas alturas, aún no sabemos de qué tamaño y de qué profundidad es esa infiltración de las bandas criminales en los organismos del Estado. Lo poco –y muy escandaloso– que sabemos es gracias a un ocasional retén en una carretera de Antioquia, donde fueron detenidos varios miembros de una banda criminal a quienes se les encontraron gran cantidad de archivos y documentos que prueban la infiltración de su banda en las estructuras del Estado, promovidas y auspiciadas por el mismo Estado. Pero incluso de esta infiltración se tuvo conocimiento público gracias a la labor de un periodista muy profesional y muy honesto –como es la inmensa mayoría de los periodistas de nuestro país–, que los sacó a la luz pública. Si no es por ese periodista y su cadena de televisión, tal vez se acaba este gobierno y no nos habríamos enterado de nada. El silencio de la fiscalía encargada del caso es sencillamente atronador. No quisiéramos pensar que hasta allá llega la infiltración.
No sabemos, y tal vez no lleguemos a saber hasta dónde y en qué niveles llegue la infiltración de las bandas criminales en la administración actual del Estado. Pero podríamos apostar que este grave asunto no se queda en los dos funcionarios del Estado que por ahora han sido descubiertos, uno civil y otro militar.
Tal vez haya decenas de ellos, ¿quién lo sabe? Porque lo cierto es que, desde incluso antes del comienzo de la actual administración, personas muy cercanas a su primer círculo de decisión fueron descubiertas haciendo contactos en las cárceles con capos condenados del crimen organizado para supuestamente ganarse su favor, apoyo y recursos para la campaña electoral en desarrollo, a cambio de gabelas y favores desde el Gobierno, como no extradición, rebaja de penas, “perdón social” y enaltecedores nombramientos como “gestores de paz”. El mismísimo Roy Barreras lo denunció en su momento.
Luego vinieron, efectivamente, los nombramientos de “gestores de paz”, la suspensión de órdenes de captura y libertad de movimiento, las no extradiciones, las suspensiones de los operativos militares y de los bombardeos, la reducción de las erradicaciones de coca a niveles ridículos, incluso el “tarimazo” con presencia presidencial y de prestantes capos del crimen organizado. Después, cuando la administración Trump apretó lo suficiente, se reiniciaron algunos operativos militares, también los bombardeos, aunque se hicieron muy selectivos: la gran mayoría contra la banda que se salió del redil y “sabe demasiado”, y ninguno contra la banda que sigue alinderada y que es enemiga de la anterior.
Sin lugar a dudas, buena parte del deterioro de la seguridad nacional se debe a estos vínculos y tratos inicuos del Gobierno con esas bandas criminales, que les ha dado oxígeno y que les ha permitido fortalecerse y expandirse territorialmente. Aquí no hay dos o tres manzanas podridas haciendo negocios ilícitos aquí o allá con bandas criminales; aquí lo que hay es una política de Estado que busca apoyarse en estas bandas para consolidarse y perpetuarse en el poder. Su influencia perversa en las próximas elecciones hay que darla por segura.
04.12.2025
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